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El “Taiwanesito”, detenido en Italia

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¡Increible! El capo de los capos, el gran padrino de la mafia rusa en la Unión Europea, Alimjat Tahtajúnov, alias el “Taiwanesito” (en la foto), ha sido detenido en Italia. Pero, ¿quiénes son los italianos para poner la mano encima de una figura de dimensión casi planetaria? Porque el “Taiwanesito” lo es: además de poseer una inmensa fortuna personal, tiene muy buenos contactos con las personalidades del mundo de los negocios sucios más poderosas del mundo. De ahí, una ingenua pregunta: ¿No estará detrás de esta detención alguna fuerza suprema, algún imperio? Por supuesto que sí. Ni más ni menos que el imperio del Tío Sam, el único que todavía es capaz de frenar un poco el avance arrollador de la todopoderosa mafia rusa.

Al parecer, la reciente acusación de haber intervenido en la labor de los árbitros durante la Olimpiada de Invierno 2002 ha sido sólo un pretexto para arrestar al capo. Presionar a un árbitro de patinaje artístico para que votara a favor de una deportista ruso-francesa fue una inocentada. Si se compara, claro, con otros hechos cometidos por el “Taiwanesito”. Y no son pocos. Fue nombrado “padrino” de todas las mafias rusas en Europa en los años 90. El que le nombró fue la máxima autoridad del crimen de aquel entonces, Viacheslav Ivankov, actualmente encarcelado en EEUU. Fue también amigo del número dos del crimen ruso, Otari Kvantrishvili, asesinado en la guerra de las mafias. Y por fin, es íntimo del “Frank Sinatra” ruso, Iosif Kobzón, perseguido por los servicios secretos israelíes y estadounidenses y atrincherado, hoy en día, en su mansión de lujo de Marbella.

Entre las actividades de este elemento de gran categoría figuran asesinatos, extorsiones, reventa de coches de lujo robados, tráfico de antigüedades, blanqueo de dinero, venta de drogas y armas. Así, vendió todo un arsenal de armas rusas, por valor de 22 millones de dólares, a Oriente Medio. Este arsenal, presuntamente, quedó en manos de terroristas internacionales. Y eso que el “Taiwanesito”, además del pasaporte ruso, tiene otro israelí. Pero es uzbeko y musulmán de origen. Sus rasgos, cien por cien asiáticos, denuncian por sí mismos la falsa identidad de este mafioso.

Nació en 1949 en la ciudad de Tashkent, capital de Uzbequistán. De joven, jugó en un equipo local de fútbol. De allí procede su amor por el deporte. Pero muy pronto lo abandonó para convertirse en un tahúr profesional. Fue juzgado dos veces y conoció la cárcel. Sus nuevos contactos y amistades le permitieron llegar a la cúpula del mundo del crimen. Tras permanecer varios años en Alemania, donde se dedicaba a la venta ilegal de armas, cigarillos y petróleo, se trasladó a Francia. Se compró un piso en el mismo edificio de lujo donde tiene sus aposentos privados Sadam Husein. La policía francesa le siguió día y noche, pero no pudo imputarle nada: sus lucrativos “negocios” quedaban fuera de cualquier control. Llevaba una vida de un hombre muy rico, pero nadie sabía a qué se dedicaba. Oficialmente era mecenas, ya que “patrocinaba” a los artistas y deportistas rusos que venían a Francia. Por fin, los franceses no le prolongaron la residencia y lograron echarle del país en 1995. Tuvo que vivir en Israel, y luego se trasladó a Italia. Washington pide su inmediata extradición y pretende juzgarlo, por lo menos, por el escándalo de los Juegos Olímpicos. Le amenazan con una multa de medio millón de dólares y con 10 años de cárcel. No está mal para limpiar un poco este mundo.

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