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El tenderete de los Gorbachov

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La noticia de la boda de Ksenia, nieta del ex-presidente bolchevique soviético, Mijail Gorbachov, suscitó un gran interés en la prensa rosa internacional. Este fenómeno significa para nosotros, en primer lugar, que el tenderete gorbachoviano, que a muchos parecía “liquidado por jubilación” hace muchos años, sigue funcionando y ofreciendo su producto. Lo hace en el mercado internacional, ya que en el nacional no tiene ninguna tirada. Al parecer, el negocio familiar de vender su imagen al exterior pasará a partir de ahora de las temblorosas manos del abuelo a las de la joven nieta. El pasado mes de marzo participó en la semana de la alta moda en Milán. Desfiló en la pasarela vestida de “matrioshka”. Anteriormente presentó un traje de Christian Dior en la fiesta del hotel parisino “Crillon”. Un par de años antes figuró junto con el abuelete en la publicidad de “Pizza Hut”. Su convivencia antes de casarse con otros novios también fue objeto de reportajes. ¡No importa: el “business” familiar utiliza cualquier cosa para seguir adelante!

Es curioso que este quiosco publicitario con orientación exclusiva a Occidente fue montado poco después de la subida de Gorbachov al poder. El país estaba en plena descomposición. La única salvación era la ruptura: unas profundas reformas estructurales y la democratización de la sociedad. Pero este trabajo titánico se encontraba fuera de las capacidades de un mediocre dirigente provincial que llegó a la cúpula del poder gracias a su procedencia “proletaria” (de una humilde familia campesina), ya que eso fue lo que más apreciaba la “nomenclatura”.

Además, los influyentes clanes conservadores que dominaban el Politburó le nombraron “hombre de paja” para seguir chupando del bote ellos mismos. Gorbachov, al parecer, comprendió muy bien su misión temporal y decidió montar el mencionado negocio mercantil para asegurar su futuro. Ha sido un tendero bastante listo. Hasta consiguió persuadir a la opinión pública internacional de que la destrucción del régimen comunista no era un proceso histórico objetivo, sino su propia obra. Este “aparatchik” de ideología ultra-bolchevique, que a lo largo de muchos años hasta se negó a condenar los crímenes del estalinismo, consiguió vender su supuesta imagen de “demócrata” y hasta burlar la opinión de los académicos suecos que le concedieron el Premio Nobel de la Paz. Gorbachov dedicaba a su publicidad todos sus esfuerzos: el destino del país, al parecer, no le importaba para nada. Así Rusia pasó de la dictadura bolchevique al caos político, económico y social con el protagonismo de las mafias y los funcionarios corruptos. Hoy en día, este caos está cambiando, a su vez, por otro régimen con perfil autoritario y policial, pero igual de corrupto y poco demócrata. El oportunista Gorbachov saluda este régimen y hasta invitó al presidente Putin a la boda de su nieta.

En toda esta historia tan nefasta lo único que sorprende es el interés que sigue prestando la opinión pública internacional al tenderete gorbachoviano cuyo producto es el morbo sacado del basurero histórico.


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