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El truco del cirílico

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El ruso Nikolai P. fue deportado a su país el pasado mes de octubre con la prohibición de regresar a España en los próximos cinco años, un castigo habitual por la estancia ilegal en un país europeo. No obstante, ya se encuentra en Madrid y, además, trabaja en la misma empresa de construcción donde trabajaba antes de ser deportado. No reprocha nada a la policía española. "Son buenos chicos. Me trataron bien y me organizaron un viaje gratuito", dice. Para regresar a España no tuvo que sobornar a nadie, ni recurrir a los servicios de la todopoderosa mafia rusa. Viene con su nuevo pasaporte y un visado turístico expedido por el Consulado de España en Moscú. Así que, ahora, está en Madrid legalmente, a pesar de que su nombre figura en la "lista negra" europea.

¿A qué se debe esta contradicción? Resulta que a los rusos no les cuesta ningún trabajo burlar los sistemas de control europeo. Al regresar a Moscú, Nikolai se dirigió a la comisaría del distrito y pidió un nuevo pasaporte. Se lo dieron con su nombre y apellido escritos en cirílico (ruso) y en letras latinas. Pero esta vez la traducción aparece en la versión inglesa, y no francesa, como en su pasaporte anterior, fichado por la policía española. Y es que las autoridades rusas decidieron, hace un par de años, cambiar las traducciones. Un regalito aplaudido por todos los interesados en burlar los ordenadores europeos, incapaces de detectar el timo. Mientras tanto, no es ningún secreto que los nombres rusos escritos en cirílico se traducen al inglés de forma diferente que al francés. Mi propio nombre aparece en cirílico como Виктор Черецкий. En el pasaporte que tenía antes figuraba como Viktor Tcheretski (transcripción al estilo francés). El pasaporte nuevo me denomina como Victor Cheretskiy (estilo inglés). La diferencia me hace completamente desconocido para el ordenador policial. Y no se trata sólo de nombres rusos sino también de bielorusos, ucranianos y búlgaros que utilizan el alfabeto cirílico.
 
Además, el problema no es nada nuevo. La diferencia consiste en que anteriormente los deportados debían sobornar a la policía rusa para que le cambiara algunas letras en la versión francesa de su nombre. Ahora, se lo hace de forma gratuita. La solución existe. La policía europea debería fichar a los sancionados por sus nombres originales, o sea, escritos en cirílico. En este caso el timo es prácticamente imposible, porque cambiar un nombre en Rusia es muy difícil. Pero en este caso, los policías europeos tendrían que aprender idiomas y cambiar los programas de sus ordenadores. ¿Será misión imposible?

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