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Empieza la reforma militar

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Rusia será incapaz hasta el año 2010, por razones económicas, de llevar a cabo una guerra de gran envergadura con armas convencionales. Por eso, su única esperanza en el decenio en curso es su potencial nuclear. Esta es la principal conclusión que se deduce del documento titulado “Plan para la Construcción Militar de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa”, firmado recientemente por el presidente Vladímir Putin. Este plan tiene estatus de una “gran reforma militar”. Así, por lo menos, lo califica la propaganda oficial rusa.

En su empeño por devolver a Rusia el potencial bélico de la época imperial soviética, Putin desea obtener un “ejército más compacto, eficaz y profesional”, dotado de “armamento sofisticado”. Por eso la reforma prevé, en primer lugar, la reducción de personal. Esto permitirá ahorrar considerables recursos para dedicarlos a la compra de armas y al aumento de los sueldos de quienes se quedan en la tropa. Así, las Fuerzas Armadas serán reducidas, en 5 años, en un 19,7% o sea, en 600.000 efectivos, de los cuales 130.000 son civiles.

La reducción ya ha empezado, especialmente de las tropas instaladas en Siberia. Al parecer, el vecino chino ya no representa ningún peligro para Rusia: está considerado como “aliado estratégico”. En cuanto a las tropas que se encuentran en otras partes de la inmensa geografía rusa, no sufrirán tanta reducción. Permanecerán intactas, en primer lugar, las llamadas fuerzas estratégicas nucleares. La reforma prevé sólo reducir sus unidades logísticas, sin tocar las de combate. Se plantea, asimismo, la concentración de las tropas en los lugares estratégicos del país, presuntamente más amenazados desde el punto de vista de un posible ataque enemigo.

En cuanto al rearme, se trata, en primer lugar, de perfeccionar el arsenal atómico y los misiles balísticos. No se descarta la vuelta a la fabricación de cabezas nucleares múltiples, prohibidas por los acuerdos entre Rusia y Estados Unidos. Moscú insiste en que el nuevo programa de defensa estratégico antimisiles de Washington anula todos los acuerdos anteriores. En estas condiciones, las cabezas múltiples no serán consideradas como prohibidas y serán imprescindibles para burlar cualquier escudo antimisiles: estadounidense o europeo.

Otra preferencia de la reforma es la Marina. Desde ahora, su presencia en los océanos mundiales es uno de los “pilares de la defensa nacional”. La Marina será dotada de buques de nueva generación, tanto de superficie como sumergibles, capaces de llevar armas nucleares. Tres de estos navíos se están construyendo en los astilleros de San Petersburgo.

No obstante, no está todavía muy claro quien llevará a cabo la nueva reforma militar. El actual ministro de Defensa, el mariscal Igor Serguéyev, va a cumplir el próximo mes de abril 64 años. Ha pasado el límite de jubilación, que es de 60. Además, siendo militar de carrera, no posee conocimientos ni influencia suficiente en el Gobierno para resolver los difíciles problemas de la industria militar y la financiación de la tropa. Y es que, a pesar de las promesas de financiar la reforma, se prevén muchas dificultades en este campo debido al precario estado de la economía rusa.

En esta situación se baraja la candidatura, para la cartera de Defensa, del actual viceprimer ministro, Iliá Klebánov, encargado de la industria militar. Además de poseer conocimientos económicos, se le considera uno de los colaboradores más próximos de Putin.

Hace poco se pronunciaba también, entre los candidatos, el nombre del general Anatoli Kvashnín, actual jefe del Estado Mayor ruso. Pero su candidatura fue definitivamente rechazada debido a su postura en el tema de la doctrina militar. El general, próximo a los reformistas liberales, decía que Occidente no representa peligro para Rusia y que se debe reducir el potencial nuclear para desarrollar las fuerzas convencionales. Fue tildado de “traidor” y su doctrina rechazada como “prooccidental”.

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