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Inmigración de calidad

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En España predomina una visión muy especial del inmigrante. Es siempre un desgraciado muerto de hambre, analfabeto o semianalfabeto, y capaz, sólo en el mejor de los casos, de recoger aceituna, o en el peor, de mendigar o robar. Precisamente para este tipo de extranjeros se adoptan todas las políticas, normas y leyes sobre la inmigración. Al parecer, España no quiere ni necesita a la "inmigración de calidad", es decir, a las personas que son capaces de hacer algo más sustancial para el país que vender alfombras de contrabando en las playas.

No pasa lo mismo en Estados Unidos, al que tanto intentamos imitar, o en Canadá o Australia. La política estadounidense, conocida por su pragmatismo, se concentra en la "inmigración de calidad". Total, los "espaldas mojadas", inmigrantes de "cantidad" abundan, no necesitan una política especial, ni invitación. He aquí un ejemplo. A principios de los noventa, con el colapso de la Unión Soviética y el consiguiente desastre económico, Washington ofreció trabajo en sus Universidades y centros de estudios a miles de científicos rusos: físicos nucleares, matemáticos, químicos, etc. Se calcula que el 70 por ciento de los investigadores que trabajaban en la Academia de las Ciencias de la URSS aceptaron la oferta y desde entonces se encuentran en Estados Unidos.

Tampoco les preocupa a los americanos los "vínculos históricos" de su país con los candidatos a inmigrantes. El único criterio es lo que uno puede aportar a la sociedad más desarrollada del mundo. Por cierto, el vecino francés tampoco sigue el criterio de los vínculos. Por ejemplo, a la hora de contratar a militares profesionales para su "legión" ni se les ocurre buscarlos en sus antiguas colonias. Al parecer, no lo hacen porque no quieren tener un ejército tercermundista. Así, prefieren contratar a los de la Europa del Este que, según los galos, son buenos profesionales.

La ausencia de una política para "captar cerebros" en el extranjero no quiere decir que la economía española no necesite de ellos. Sí que los necesita. Y es un fenómeno muy normal. Hasta los alemanes confiesan que no tienen suficientes especialistas de ordenadores en su mercado laboral y por eso buscan a extranjeros. Es obvio que estos profesionales no llegarán a España ni del Magreb, ni del África negra, ni de Suramérica. Hasta ahora procedían del Este de Europa. Los contrataban ilegalmente y luego regularizaban sus papeles. Hoy en día, en España, especialmente en la costa, trabajan miles de ingenieros electrónicos rusos, ucranianos y bielorrusos. Instalan sistemas informáticos en las empresas o si no tienen suerte reparan los electrodomésticos en los talleres.

El llamado "Plan de lucha contra la inmigración ilegal" pondrá fin a esta práctica y acabará para siempre con la "inmigración de calidad". Y es que esta inmigración, aunque no viaja en pateras, sí que necesita visado: un documento que es muy difícil de conseguir para los ciudadanos del Este por no tener "vínculos históricos" con España.

Este artículo, junto a otros de César Vidal, Pío Moa, Carlos Semprún Maura, Enrique Coperías, Alberto Recarte, etc. se publica en La Revista del Fin de Semana de Libertad Digital. Si quiere leer más, pulse AQUÍ

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