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La difícil conferencia de Bonn

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En vísperas de la conferencia sobre Afganistán que debe buscar una solución política para este sufrido país, muy pocos analistas se permiten el lujo de manifestar su optimismo. La verdad es que la situación es muy complicada. El mismo presidente Rabbani declara constantemente que la solución para el futuro de su país debe ser encontrada en suelo afgano y no en el extranjero. No obstante, participa en la reunión. Quizá porque nunca ha tenido poder real en Afganistán, siendo un hombre de paja de los líderes militares tayikos de la Alianza del Norte.

Participan también en la reunión otros “señores de la guerra” de la Alianza, el tayiko Ismail Jan y el uzbeko Abdul Rashid Dostum. Este último es rival de los tayikos, además de su dolor de cabeza permanente. En todo caso, la Alianza no está dispuesta a manifestar en Bonn sus inmensas discrepancias internas. Además, todos tienen el mismo objetivo: aprovechar la reunión para sacarle a Occidente cuanta más ayuda financiera mejor, para distribuirla luego entre los clanes y territorios que controlan.

Lo peor de todo es que la mayoría pastún, el 40 por ciento de la población afgana, no está prácticamente representada en Bonn. No es de extrañar, ya que los líderes de esta etnia formaron el núcleo del movimiento talibán. Se habla mucho últimamente del “mulá” Haksar, antiguo ministro de Seguridad en el gobierno talibán, que se entregó voluntariamente a las fuerzas de la Alianza. Este sí que podría representar a los pastunes, ya que es catalogado como un talibán moderado –si es que existen estos moderados–, pero no está en la lista de los invitados.

Mientras tanto, nadie habla en serio de que un tal Pir Sayed Gailani, pariente del anciano monarca, o los emisarios del mismo rey Mohamed Zahir Shah, conocidos más en Italia que en su propio país, puedan hablar en nombre de los pastunes. No obstante, están apuntados a la reunión de Bonn.

Dicen que de esta reunión debe salir un gobierno provisional. Pero ¿tendrá alguna autoridad este gobierno?¿Podrá sobrevivir en la turbulenta situación afgana sin ayuda externa? Por cierto, todas las facciones afganas se oponen a la presencia de tropas extranjeras en su territorio, una presencia sin la que no se podrá acabar de forma victoriosa con los nidos del terrorismo implantados en suelo afgano y garantizar la estabilidad de la región. Tampoco hay manera, sin esta presencia militar, de llevar la ayuda humanitaria a la población civil, porque ni siquiera las tropas de la Alianza son capaces de controlar los territorios liberados de los talibán, en manos ahora de grupos de bandidos y comandos de mercenarios árabes.

A ciertos analistas internacionales no les parece muy constructivo que Irán y Rusia, dos países que tradicionalmente han desempeñado un papel importante en la vida de Afganistán, estén excluidos del proceso de pacificación. Por el momento, estos países no manifiestan su descontento, pero están muy pendientes del desarrollo de la situación. Los que más les preocupa es que Estados Unidos pueda quedarse en la zona tras la operación antiterrorista. Por supuesto, en este caso apoyarán a cualquier fuerza afgana antioccidental.

Con este propósito, Irán está alimentando bajo su techo al muyahidín más intransigente y feroz de todos: al pastún Hekmatiar, dispuesto a empezar en cualquier momento una nueva guerra civil. Asimismo, Rusia –con su tradicional doble juego en la política afgana– dará armas a todos los que se las pidan. Así actuó contra los ingleses y al final de su propia guerra en Afganistán. Por cierto, una inmensa embajada rusa, custodiada por varios miles de soldados, ya se encuentra en Kabul. Así les resultará más fácil seguir la situación y tomar las medidas adecuadas si el escenario no les parece favorable a sus intereses imperiales.

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