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La solidaridad soviética

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Una de las mentiras del desaparecido régimen bolchevique soviético fue su llamada solidaridad con los “trabajadores y pueblos oprimidos”. Así se consideraba a todos los que no formaban parte del bloque comunista: europeos, norteamericanos y las naciones del tercer mundo. Los ideólogos rusos solían sacar este tema a la luz cada Primero de Mayo, que festejaban como el “gran Día de la solidaridad proletaria internacional”.

La fiesta tenía un doble significado. Primero, recordarles a los compatriotas que son “felices y libres”, mientras que los demás están “oprimidos y explotados”. Segundo, reiterarles que su “deber proletario” es ayudar a los “hermanos” de otros países a librarse del “yugo capitalista”. De esta forma todas las aventuras exteriores del régimen se justificaban por la “noble” causa de la solidaridad. Las aventuras, por supuesto, necesitaban grandes gastos materiales. Así que la “causa” servía, a su vez, de tapadera para justificar el bajo nivel de vida de los rusos. Esto último, por cierto, no era consecuencia de ninguna “solidaridad”, sino de la ineficacia del mismo régimen totalitario.

En el caso de occidente, los soviéticos se limitaban a otorgar ayuda financiera a los partidos comunistas y a ciertas organizaciones sociales de izquierda. Cuando uno u otro partido mostraba su disidencia, la “solidaridad” se desviaba a alguna facción secesionista. Así sucedió, por ejemplo, a principios de los años 80 en España con la aparición del llamado PC(España), rebautizado en PC de los Pueblos de España, mientras las relaciones con el eurocomunista PCE iban de mal en peor.

En vísperas de cada Primero de Mayo la prensa soviética publicaba los “llamamientos a los trabajadores del mundo”. En este documento se nombraba a cada partido y pueblo, objetos de la “solidaridad” soviética. A los disidentes ni siquiera les mencionaban, diciendo solamente que en “ciertos países los trabajadores sufren además de la explotación capitalista, también la traición de sus líderes”.

En cuanto a los países del tercer mundo, la “solidaridad” se mostraba de forma más variada: enviando a consejeros militares y comisarios políticos. Los países árabes y africanos fueron los que sufrieron más de esta política. Lo que se llamaba “solidaridad” en los panfletos propagandísticos era una forma de expansión del comunismo y un gran negocio. Se trataba de venta masiva de armas anticuadas, a veces, de la época de la Segunda guerra mundial. Las consecuencias de toda esta “ayuda” fueron desastrosas. El proceso de desarrollo de muchos países fue frenado por las guerras civiles y el fracaso de utópicos y falsos modelos económicos.

A pesar de que los rusos declaraban que su ayuda iba dirigida a todos los “pueblos oprimidos en lucha por su libertad”, no era así. Por ejemplo, nunca el comunismo se mostró solidario con el pueblo saharaui. Y más, las calamidades de este pueblo siempre fueron un tabú para los rusos. Ni existían. ¿Por qué? Simplemente porque a los cínicos estrategas comunistas les interesaba más mantener buenas relaciones con Rabat que cumplir a rajatabla con los románticos principios del apoyo a los “oprimidos”.

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