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La vergüenza de un ex presidente

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La fortuna personal del primer presidente ruso, Borís Yeltsin, siempre ha sido un tema tabú en su país. Es cierto y verdad que, últimamente, han sido descubiertos varios casos de corrupción en los que fue involucrado el propio ex-presidente y varios miembros de su familia, pero, hasta el momento, nadie se ha atrevido a valorar su fortuna.

El primer intento de hacerlo aparece estos días en el periódico digital ruso Corruption.ru, aprovechando la ocasión de que el ciberespacio ruso no está todavía controlado por los censores del régimen. Así, el diario asegura que la fortuna de Yeltsin, acumulada en los ocho años de su presidencia, no es inferior a 14 millones de dólares (2.660 millones de pesetas). Una cifra astronómica, especialmente porque su salario mensual equivalía en rublos a unos 900 dólares y, teóricamente, el jefe del Estado no tenía, ni podía tener, otras fuentes de ingresos.

A lo largo de su mandato, Yeltsin no escatimaba palabras para recordar al pueblo ruso que “vivía como todo el mundo”, con ingresos escasos, y que sobrevivía gracias a los talentos culinarios de su esposa, Naína. Esta última preparaba empanadas y otros platos típicos rusos para combatir la penuria alimenticia y ahorrar algo del dinero de su ilustre marido.

No obstante, la misma Naína compró en 1997 en la tienda de Estocolmo “Mode Pels” dos abrigos de visón y uno de astracán por un valor de 20.000 dólares. Además, los pagó con una tarjeta Mastercard “platino”, un lujo incomprensible para una familia cuyos ingresos eran en aquel entonces de unas 120.000 pesetas al mes.

Pero los visones no son nada comparado con el “Chateau de la Garogne” que compró la familia presidencial, el mismo año y en la Riviera francesa, por valor de 11 millones de dólares.

En una urbanización de superlujo (“Nikólina Gorá”) situada a las afueras de Moscú, los Yeltsin se construyeron una casa de campo de unos 800 metros cuadrados en una parcela de 3 hectáreas. Su precio es de medio millón de dólares. El presidente posee también una cuadra con 40 caballos de raza que cuestan un millón.

Se sabe también que, en los años 90, el presidente pagaba de su modesto salario unos 25.000 dólares anuales por los estudios de su nieto Borís en un colegio inglés. Siendo un abuelo muy cariñoso, regaló a su nieta María en su 18 cumpleaños un coche por valor de 11.000 dólares. En 1996 se compró un BMW que le costó otros 50.000.

Corruption.ru termina su artículo citando el libro de Yeltsin Memorias de un presidente: “Mientras vivimos tan mal y de forma tan miserable, no puedo comer salmón y caviar, no puedo usar las limusinas ni consumir costosas medicinas sabiendo que mi vecina no tiene ni aspirina para su hijo. No puedo, porque tengo vergüenza”.

¿Será debido a este bonito sentimiento por el que se le perdonan todos los pecados?

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