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Las muy polémicas elecciones

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La desaparición de Slobodan Milosevic, bestia negra de la comunidad internacional, nos obliga a revisar algunos dogmas creados por nosotros mismos a lo largo del último decenio, marcado por las guerras civiles en la antigua Yugoslavia. Ya no nos parece tan oportuno considerar a los serbios como a los “malos” de la película balcánica, que merecen sólo bloqueos, bombardeos y la fama de “agresores y genocidas”. De repente, nos acordamos de que es un pueblo cristiano, noble y valiente, que luchó durante siglos contra la dominación extranjera. Es un pueblo que no fue doblegado ni por Hitler, ni por el imperio soviético y que acaba de librarse, por su propia cuenta, de un régimen anacrónico. Estamos dispuestos a ayudar a este pueblo a reconstruir su país para que sea un miembro más de una Europa libre y próspera. Un buen propósito, digno de respeto.

Pero, desgraciadamente, los problemas de la ex-Yugoslavia no desaparecieron con la retirada de Milosevic. Y la comunidad internacional tiene que seguir asumiendo su responsabilidad en el conflicto. Esta vez, eso sí, debe ser más justa e imparcial, especialmente, en todo lo que se refiere a la provincia yugoslava de Kosovo.

Recordemos la historia del conflicto kosovar. Los serbios y los musulmanes albaneses vivían allí juntos, durante siglos, bajo la dominación turca. Testigo de esto son, no sólo las mezquitas, sino numerosos monasterios cristianos e iglesias medievales que son actualmente objeto de profanación por parte de extremistas islámicos. Desde los años 70 del siglo XIX este territorio forma parte del Estado serbio, surgido en la lucha contra el imperio otomano.

No olvidemos que el actual movimiento separatista albanés aparece en el contexto de la desintegración de Yugoslavia y con apoyo, en armas y voluntarios, del régimen de Tirana. Los terroristas islámicos internacionales también dijeron allí su palabra. Recordemos también que las torpes represalias de Milosevic sólo agravaron el conflicto. Incapaz de aplastar a la guerrilla, arremetió contra la población civil, obligándola a abandonar su tierra natal. Estos desmanes llevaron a la comunidad internacional a intervenir en el caso.

Desgraciadamente, esta intervención fue aprovechada por los separatistas para reprimir a la minoría serbia y gitana. En muchos casos, el contingente internacional es incapaz de proteger a estas personas, víctimas de brutales asesinatos. Miles de familias han tenido -y tienen- que abandonar sus casas y refugiarse en Serbia. Pierden todos sus bienes y sobreviven en condiciones infrahumanas, en chabolas de lata en pleno descampado. El gobierno serbio no les ayuda porque no tiene con qué. Tampoco reciben ayuda internacional, simplemente porque son serbios.

Se intentan justificar las bestialidades que cometen los albaneses por el deseo de vengar el “genocidio”, o sea, exterminio masivo, al que fue presuntamente sometido este pueblo por parte del régimen de Milosevic. Pero, la verdad es que no se han encontrado grandes pruebas materiales de este genocidio. Por lo menos, así lo asegura el informe publicado precisamente hace un año por los forenses españoles que trabajaron durante meses en Kosovo en busca de estas pruebas.

Así que, por una parte, es ahora cuando presenciamos una verdadera limpieza étnica en Kosovo. Por otra, somos testigos de como se realizan los paranoicos planes del difundo líder estalinista albanés, Enver Hoxha, partidario de crear un “imperio” albanés a costa del país vecino.

Sea como sea, la comumidad internacional que tenía el compromiso, hasta con la Yugoslavia de Milosevic, de mantener su integridad territorial, debe cumplir con su palabra tras los cambios en Belgrado. En estas circunstancias, la últimas declaraciones del presidente Kostunica sobre la necesidad de aplazar las elecciones en Kosovo merecen ser escuchadas con mucha atención. El presidente yugoslavo considera que estos comicios no ofrecen ningunas garantías a los pocos serbios que quedan todavía en Kosovo y viven acorralados por los paramilitares albaneses.

Es evidente que el aplazamiento de las elecciones sería una medida provisional y que el conflicto no se resolverá mientras los refugiados serbios no regresen a sus casas y mientras las minorías no recuperen sus derechos en esta región. Hay quien dice que la convivencia entre serbios y albaneses es imposible porque hay demasiado odio acumulado. Si es así, hay que buscar otras soluciones: quizá aprovechar la experiencia bosnia, donde los serbios obtuvieron su propio territorio y se quedaron separados de la mayoría musulmana.

Total, un amplio campo de trabajo para la comunidad internacional.

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