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Las sorpresas del “amigo” Putin

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Al parecer, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tendrá pronto que reconsiderar su famosa frase sobre los “honestos ojos” de su amigo y colega ruso, Vladimir Putin. Y es que éste último le acaba de dar una “buena” sorpresa. Rusia firmará próximamente un acuerdo estratégico, ya preparado, de colaboración con Sadam Husein por valor de 40.000 millones de dólares. Según este gigantesco contrato, que no tiene precedentes, miles de expertos rusos se desplazarán próximamente a Irak para trabajar en los proyectos de colaboración y formar un escudo humano contra cualquier ataque de Estados Unidos.

Dicen que el dictador iraquí salta de alegría y dispara al aire su famosa pistola, la misma que usó cuando Bush-padre perdió las elecciones frente a Clinton. Hay motivos para la alegría. Gracias a Rusia, recuperará su economía y se quedará en el poder para siempre.

Para Moscú, el acuerdo tiene cuatro sentidos, según el periódico digital moscovita Strana.Ru. Primero, pretende ganar mucho dinero. Segundo, desea mostrarle a Washington no sólo sus “honestos ojos”, sino también sus afilados dientes. Además, es un aviso: si Washington quiere seguir con la amistad y colaboración antiterrorista tiene que abrir el monedero; de no ser así, Rusia sabrá dónde conseguir los dólares. Y por último, Moscú pretende responder con un gesto significativo al coqueteo que mantienen los norteamericanos con el maquiavélico presidente georgiano, Shevardnadze. A este último, enemigo declarado de Rusia, el Kremlin le reprocha el doble juego en el tema del terrorismo checheno.

Mientras tanto, las nuevas amistades entre Bagdad y Moscú no prometen nada bueno al resto de la humanidad. Teóricamente, se trata de una relación puramente económica y pacífica: colaboración en la industria petrolera y química, construcción de centrales eléctricas, de ferrocarriles y sistemas de riego, etc. Pero, ¿qué tipo de colaboración será en realidad? El Estado ruso, corrupto y poco eficaz, no suele controlar las transacciones exteriores en manos de la mafia. Y ésta hará lo que le de la gana bajo la tapadera del acuerdo estratégico, o sea, mandará a Irak todo lo que le pida y todo lo que le pague Sadam.

Lo único que nos queda en estas circunstancias es la esperanza de que el dictador pida caramelos y no una bomba atómica.

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