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Militarismo doctrinal

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La prensa rusa publica un proyecto del decreto-ley titulado “Bases de la Política de la Federación Rusa para la Construcción Militar hasta el año 2010”. Está aprobado por el presidente, Vladímir Putin, y será sometido a votación en el Consejó de Seguridad, máximo órgano ejecutivo, el próximo mes de septiembre.

A pesar de su nombre, el documento no se limita a los temas militares. Y hasta parece más una doctrina ideológica que militar. No es de extrañar: en la Rusia de hoy el militarismo recupera el tereno que perdió en los últimos 10 años. Pronto ocupará el mismo sitio privilegiado en la sociedad rusa que tenía en la época comunista. De eso no debe haber dudas.

La frase clave de las “Bases” está formulada de la manera siguiente: “Es imprescindible consolidar a todas las capas de la sociedad rusa alrededor de la idea de la protección y defensa de la Patria”. O sea, el militarismo, hasta en los tiempos de paz, debe servir de piedra angular para una sociedad que el mismo presidente Putin, hasta el momento, llama “democrática y civil”.

Una gran parte del documento está dedicada al peligro que constituye el uso de los medios de comunicación por “elementos subversivos” y con propósitos agresivos antiestatales. Con la ayuda de sus medios “el enemigo intenta causar daño a la economía, a la dirección estatal y militar, intenta destruir el potencial espiritual de la sociedad. De esta forma, desea cambiar el rumbo político de nuestro país”, aseguran las “Bases”. Se trata, en primer lugar, de medios extranjeros, que se editan para el lector ruso, pero también de los nacionales que siguen siendo independientes y no están todavía sometidos a la censura oficial.

No hay que ser ningún experto para comprender que se trata de resuscitar el viejo fantasma del “enemigo ideológico” que deberá ser tratado con dureza igual que cualquier otro enemigo del régimen totalitario. El documento aclara claro quien asumirá la responsabilidad de la lucha contra los enemigos, tanto externos como internos. La nueva doctrina habla de la necesidad de reconstruir la “comunidad de servicios especiales” de Rusia, o sea, el monstruo del KGB, dividido hace diez años en diferentes servicios secretos para que no desempeñara el papel dominante en la política del país. Al parecer, desde ahora podrá dedicarse a lo mismo que en la antigua URSS: controlar todas las esferas de la vida y aplastar la disidencia política.

En cuanto al tema puramente militar, no encontramos ninguna sorpresa. “La movilidad estratégica estará garantizada por las fuerzas nucleares”, dice el documento. Nada de ejército profesional. La “mili” durará, por lo menos, hasta el año 2025. Así que todas las promesas en este sentido hechas tanto por el antiguo presidente Yeltsin, como por su sucesor, han sido propaganda electoral.

Como vemos, el “futuro democrático” está bien garantizado en Rusia. ¡Qué no haya dudas!

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