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Nace un supergigante asiático

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La sadomasoquista euforia acerca de la próxima entrada en la Unión Europea de unos países-sanguijuelas no deja tiempo ni espacio, al parecer, a nuestros medios de comunicación para apreciar otros movimientos de integración política, económica y militar en el mundo. Unos acontecimientos capaces de cambiar las cosas y el orden mundial en el futuro. La importantísima reunión de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), celebrada recientemente en la capital china, no ha sido mencionado en la prensa. No obstante, Libertad Digital, que desde hace tiempo pronosticó el nacimiento de un temible super-gigante asiático, sigue el tema.

Es de recordar que se trata de una unión estratégica entre China y Rusia, acompañadas por sus fieles países satélites. Según un comentarista de la BBC, el propósito de esta unión es limitar la influencia económica y, por supuesto, política de Estados Unidos y de la Unión Europea en la zona “desde el Báltico hasta el Pacífico”. Los dos países actúan sin prisa, a lo asiático, pero seguros y muy conscientes de lo que hacen. Así, desde el 1 de noviembre empieza a funcionar en Pekín el Secretariado de la OCS cuya misión es preparar un “programa de cooperación a largo plazo para crear antes del año 2020 un espacio común para el movimiento libre de mercancías, servicios y nuevas tecnologías”.

Los jefes de Gobierno de los seis países de la OCS que, según la recién aprobada Carta de la Organización forman parte de su Consejo, acordaron el presupuesto del mencionado Secretariado, con sede en Pekín. También destinaron un presupuesto especial para la lucha antiterrorista. El Comité Ejecutivo de la llamada Estructura Antiterrorista estará ubicado en la ciudad de Tashkent, capital de Uzbekistán. Asimismo el Consejo tomó la decisión de coordinar la política de los países miembros en el asunto iraquí para hacer frente a Estados Unidos y a sus aliados en la ONU. Por supuesto, todos los organismos de la OCS están dominados por los rusos y los chinos como socios más potentes del grupo. No es una Unión Europea con sus constantes debates de cómo compartir las influencias. Allí ni huele a democracia: son los más fuertes quienes cortan el bacalao.

En los documentos oficiales figuran como prioridades de la cooperación el “desarrollo del transporte, de los recursos energéticos y el reparto del agua potable”, así como el “mejoramiento y la liberalización del comercio y de las inversiones”. A pesar de lo escrito, no es ningún secreto que la base de las relaciones son las ventas de armas y petróleo rusos a China. Un oleoducto será construído próximamente entre los dos países. Se calcula que el año 2006 Moscú suministrará a su socio estratégico unos 15 millones de toneladas de crudo. El actual intercambio comercial entre Rusia y China equivale a unos 15.000 millones de dólares.


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