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NTV ¿Baluarte de la libertad o mafia informativa?

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El actual conflicto en Moscú alrededor de la televisión ruso-gibraltareña NTV ha tenido bastante repercusión en los medios españoles, especialmente porque su copropietario, el muy polémico magnate Vladímir Gusinski, se encuentra en libertad condicional bajo fianza en Sotogrande (Cádiz). Espera el veredicto de la Audiencia Nacional sobre su posible extradición a Rusia por “fraude a gran escala”.

Mientras tanto, prácticamente todos los medios –no se entiende por qué– ven en este conflicto un ataque contra la libertad de expresión y muy pocos están dispuestos a analizar las verdaderas raíces del problema. Y eso, a pesar de que el asunto ni a primera vista parece claro.

Por algo ni un sólo político ruso de orientación democrática apoya la protesta de una parte de los periodistas contra la nueva dirección de la cadena, nombrada por el Consejo de Administración. Y es más, un reconocido político ultra-liberal, Anatoliy Chubais, cuya afiliación democrática está fuera de sospechas, declaró recientemente que el Estado debe actuar con más dureza contra la NTV.

En una carta abierta al director saliente y redactor-jefe de la NTV, Evgueniy Kiseliov, el principal animador de la protesta, su antiguo colega, Oleg Dobrodéev, recuerda la historia del conflicto. La NTV, dice el destacado periodista, “nunca ha sido independiente”. Fue creada por Gusinski en 1994 por “enchufe” del antiguo intendente del Kremlin, Pável Borodín, actualmente en una cárcel suiza por delitos de corrupción y blanqueo de dinero.

A partir de entonces, la televisión sirvió de tapadera informativa para todos los desmanes del régimen perverso del presidente Yeltsin. Este último le “agradecía” sus favores con créditos de la empresa pública de gas natural, “Gasprom”, convertida contra su voluntad en accionista y “vaca lechera” de la NTV. El dinero, más de mil millones de dólares, desapareció en las cuentas de las tres empresas gibraltareñas de Gusinski, propietarias-fantasma de la NTV. Estas empresas no pagaban, por supuesto, ni un duro de impuestos, y tampoco han devuelto los créditos. Y éste es el verdadero motivo del actual escándalo, no hay otro.

Dobrodéev reprocha a Kiseliov su empeño por “vestir con traje político un caso de corrupción” y su lealtad a Gusinski “en contra de todos los principios del periodismo”. Le reprocha también la reciente fuga de los mejores profesionales de la NTV por su negativa a seguir en un “ambiente mafioso”.

El periodista recuerda también que Gusinski no sólo daba órdenes para justificar los delitos del régimen yeltsinista, sino también utilizaba la cadena en la lucha por sus propios intereses comerciales. Así, ordenó en 1997 “desprestigiar” a las empresas que competían con él en la privatización del monopolio de comunicaciones “Sviazinvest”.

Mientras tanto, la nueva dirección de la NTV nombrada por el accionista hoy en día mayoritario, “Gasprom”, está compuesta por el empresario ruso-estadounidense, Boris Jordan, el economista ultra-liberal, Alfred Koj, el reconocido demócrata, Alexánder Kazakov, y otras personas que nunca han tenido fama de perseguidores de la libertad de expresión. Declaran que lo único que pretenden es apartar a Gusinski y a sus cómplices de la dirección mientras no aclaren dónde están los créditos y cuándo serán devueltos.

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