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Por el camino del militarismo

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El restablecimiento del antiguo poderío militar de Rusia es la máxima preocupación de su presidente, Vladímir Putin. No pasa ni un día sin alguna iniciativa del mandatario para conseguir su propósito. Tras crear las llamadas Fuerzas Espaciales, decidió volver su mirada hacia la tierra para formar las tropas de Reacción Rápida. Todo esto en el marco de la nueva doctrina belicista y la reforma militar que, tras diez años de inmovilismo, va viento en popa desde que ha sido patrocinada por el nuevo ministro de Defensa, Serguey Ivanov, el colaborador más íntimo de Putin.

Las Fuerzas de Reacción Rápida representarán un “contingente capaz de cumplir con éxito misiones de combate en los puntos estratégicos donde exista máximo riesgo de ataque enemigo”, declaró el comandante del Ejército de Tierra, el general Nikolai Kormiltsev. Moscú se propone exigir que sus socios ex-soviéticos del Tratado de Seguridad Colectiva (TSC) —Armenia, Kazakistán, Kirguizia, Taykistán y Bielorrusia— creen también unas fuerzas semejantes. El asunto será debatido el próximo 24 de mayo en la reunión del TSC. Moscú no espera que sus aliados manifiesten mucho entusiasmo por su iniciativa, a excepción de Bielorrusia, cuyo presidente, el folclórico Alexander Lukashenko, está también obsesionado con el tema militarista.

Los miles de millones de rublos que los inquilinos del Kremlin se proponen gastar en sus planes belicistas necesitan alguna explicación, especialmente, en un país donde la población vive en la absoluta miseria. Aunque los rusos, acostumbrados a regímenes dictatoriales, nunca han pedido explicaciones a sus líderes. Pero Putin es distinto. Es moderno y le gusta que le consideren demócrata. Así que la campaña militarista está acompañada por otra —la explicativa y propagandística— sobre “¿por qué Rusia necesita recuperar su potencial bélico a costa de programas económicos y sociales?”.

Por eso, la prensa kremliniana no para de publicar entrevistas con todo tipo de “estrategas”: militares y analistas políticos. Sus declaraciones recuerdan los tiempos de la “guerra fría”. Hoy en día, Rusia está acosada por los enemigos, dicen. Los estadounidenses planean la “guerra de las galaxias”. La OTAN desea ampliarse al Este de Europa. Los “bandidos” chechenos y los “terroristas” afganos amenazan las fronteras sureñas.

Y para que la prensa independiente —la que queda todavía— no intente meter la nariz en el sagrado tema militar, Putin ya tiene su Ley de Seguridad Informativa que castiga a cualquiera que atente contra la “capacidad defensiva del Estado”.

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