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Problemas operativos

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Son evidentes las contradicciones históricas y geoestratégicas que existen y existirán en el futuro entre Rusia y los países de la OTAN. No obstante, el intento de superar estos problemas formando una alianza para las consultas y la coordinación de los esfuerzos internacionales merece una rotunda aprobación. En el mundo surgen nuevas amenazas y hay que unirse para combatirlas. Sin embargo, en todo esto no vemos nada nuevo ni original. En los años de la Segunda Guerra Mundial, las democracias occidentales se unieron hasta con el déspota Stalin para combatir el mal mayor que fue la expansión nazi.

Merece la pena destacar, en todo caso, que en el seno de la misma OTAN pueden surgir obstáculos capaces de paralizar la gran estrategia de unirse con Rusia trazada por Bush y Blair. De sus temores sobre la eficacia de los mecanismos de colaboración hablan tanto los rusos como los principales socios de la Alianza Atlántica. Así, la catedrática de Ciencias Políticas Aira Straus, coordinadora estadounidense del comité “Europa del Este y Rusia en la OTAN”, afirma que está preocupada por uno de los apartados del documento de colaboración con Rusia aprobado por iniciativa de Alemania. Este apartado permite a cualquier país miembro de la OTAN vetar hasta la posibilidad de discutir con Rusia uno u otro punto de la agenda de la Alianza, independientemente de la importancia del asunto.

Concretamente, existen miedos muy reales de que este derecho pueda ser utilizado en el futuro por los nuevos miembros, ya sean los antiguos países satélites de Rusia en la Europa del Este o los Bálticos, que anteriormente formaban parte de la Unión Soviética. Su futura postura es fácil de adivinar. Entran en la OTAN no para defenderse de los misiles coreanos o de los atentados de Ben Laden. Buscan la protección contra las posibles represalias de los rusos. Y es que siguen manteniendo bastantes litigios con Moscú, tanto por algunos territorios fronterizos como por la precaria situación de los rusos residentes en estos países, especialmente en Letonia, donde están considerados “ciudadanos de segunda”. Los americanos y los ingleses, según Straus, son concientes de que los “novatos”, con su “odio histórico” contra Moscú, pueden formar un frente antirruso dentro de la OTAN y paralizar todas las labores de la nueva alianza estratégica.

En una de las reuniones previas, el Kremlin propuso a los miembros de la OTAN que los nuevos miembros no tengan derecho de veto. Esta sugerencia fue rechazada aunque, al parecer, el mismo Lord Robertson ha prometido reformar los métodos de trabajo para que la Alianza Atlántica sea un organismo “eficaz, flexible y capaz de tomar decisiones”. Según la politóloga estadounidense, Robertson aseguró al Kremlin que los que seguirán cortando el bacalao en la OTAN serán los “viejos aliados , los países con profundas tradiciones democráticas que son comprensivos con Rusia”. EEUU y el Reino Unido, opina Straus, están interesados en la participación de Moscú para resolver problemas globales y sabrán imponer su voluntad en el marco de la Alianza.

Qué así sea.

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