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Putin advierte

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Mientras unos ingenuos escribanos nos hablaban del “gran éxito” de la cumbre en Liubliana y posibles compromisos sobre el tratado ABM del año 1972, el presidente ruso, Vladímir Putin, preparaba un gran jarro de agua fría para devolverles a la realidad. Tardó sólo unos días desde que Bush le mirara a los ojos para deducir que era un “hombre honesto”. Y declarar, muy claro y muy alto, lo que no dijo en la cumbre, quizá por razones diplomáticas: si Washington sigue insistiendo en la construcción del escudo antimisiles, Moscú abandonará los acuerdos START I y START II para aumentar considerablemente su potencial nuclear.

Por supuesto, este aviso no tiene nada de nuevo. A lo largo del último año, los responsables militares rusos no han parado de repetir lo mismo. Pero, no parecía tan serio. Eran más bien, tradicionales juegos verbales de los militaruchos kremlinianos. Desde ahora, la cosa es distinta. Putin ha enviado un aviso oficial a Estados Unidos y, conociendo su manera de ser, no hay dudas de que va en serio.

Y para que no caiga en saco roto, el presidente no sólo reiteró su amenaza en dos ruedas de prensa seguidas, sino que dio detalles de cómo va a actuar Moscú para aumentar su potencial nuclear. Se trata de colocar en los misiles balísticos intercontinentales, especialmente el modernísimo “Tópol-M” tres o cuatro cabezas nucleares, en vez de una, con dirección autónoma. Teóricamente, para destruir una de estas cabezas se necesitan 20 misiles-cazas, basta multiplicar para saber cuántas son necesarias para destruir cuatro. Y no hablamos de un ataque masivo de los “Tópol-M”.

No habrá en los próximos 100 años ningún sistema capaz de parar un ataque semejante, declaró Putin, y añadió muy sonriente que la “espada” rusa no costará nada comparado con el “escudo” estadounidenses. Rusia ya dispone de cabezas múltiples, prohibidas, hoy en día, por los tratados START.

“Si nos preguntan por qué lo hacemos, contestaremos que la “espada rusa” no está dirigida contra Estados Unidos, igual que el escudo estadounidense no está dirigido contra nosotros”, bromeó Putin en alusión a las declaraciones de su colega tejano.

Sea como sea, las palabras del presidente fueron acogidas con gran entusiasmo por los altos mandos del Ejército ruso. El amigo íntimo del presidente, el actual ministro de Defensa, Serguey Ivanov, las repite como “padre nuestro” en todas las intervenciones públicas y entrevistas con la prensa. Su subordinado, el comandante de la Fuerza de Misiles Estratégicos, Nikolai Solovtsov, se apresura a informar de los “éxitos” de las reformas que lleva a cabo para “garantizar la estabilidad de Rusia y del mundo entero” frente a los “intentos por parte de Washington de crear un escudo antimisiles”.

Otro fiel de Putin, el jefe de las recién creadas Tropas Cósmicas, el general Anatoli Permínov, también habla de “éxitos”. Pronto entrará en acción una nueva estación de seguimiento cósmico en la región de Baránovichi, en Bielorrusia. La alianza político-militar entre los dos países eslavos ya da frutos concretos. Esta estación, de importancia estratégica, sustituirá a otra en Lituania que fue desmontada por la insistencia del gobierno de aquel país.

Otra noticia de Permínov es la creación de nuevos satélites militares que sustituirán a los que ya se encuentran en órbita. Será más eficaces y tendrán una vida más larga: de diez años en vez de cuatro.

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