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Putin, hacia el poder absoluto

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El patético escándalo con la televisión ruso-gibraltareña “NTV”, que tanto ha ocupado la atención de nuestra prensa en los últimos días, no ha dejado ver unos acontecimientos mucho más alarmantes en Rusia. El culebrón, donde detrás del antifaz liberal se ve la corrupción y el periodismo por encargo, ya está casi terminado, mientras que los acontecimientos silenciados tendrán consecuencias a largo plazo.

Y es que, en Moscú, se han producido la semana pasada cambios radicales, tanto a nivel del poder ejecutivo, como legislativo. Y además, se han llevado a cabo sin ruido ninguno y sin cobertura por la prensa internacional, tal y como lo enseñan las normas del macabro sindicato soviético KGB, “alma mater” del equipo putiniense.

La línea general sigue siendo la misma: obtener un poder sin límites y gobernar con mano dura, sin ninguna oposición. Últimamente se ha hecho bastante en esta dirección, pero estos días, hemos presenciado un paso cualitativo. Se ha formado, ni más ni menos, un centro de superpoder. Se llama igual que antes: ministerio de Defensa, pero con la llegada a su sede del general KGBista Serguey Ivanov, que sustituye al senil mariscal Igor Serguéyev, las cosas han cambiado.

El hombre de máxima confianza de Putin, el número dos del Estado, asume funciones diferentes. El antiguo “ministerio de desfiles” se convierte en el centro del poder absoluto. Todos los principales problemas, relacionados con la política nacional, internacional y militar de Rusia serán debatidos aquí. Otros ministros, especialmente el de Exteriores, sólo tendrán que ejecutar los órdenes.

La idea de unir el poder político con el militar procede del mismo presidente, aunque, para ser más exacto, Putin no genera ideas, sino las toma prestadas del pasado más siniestro de Rusia: de la época estaliniana. Sea como sea, la concentración de poder ya es un hecho que ha sido notado y comentado por el ministro alemán de Defensa, Rudolf Sharping. Durante sus conversaciones con Ivanov, éste último ha demostrado, según el ministro alemán, “sus poderes para asumir decisiones políticas de carácter estratégico”.

Mientras tanto, Putin recibió estos días un regalo muy esperado desde el parlamento. Su principal rival en las últimas elecciones y alcalde de Moscú, Yuri Luzkov, decidió unirse al presidente. Su partido “Otéchestvo” (Patria) se fusiona con el presidencialista “Yedinstvo” (Unidad). Y de esta manera forman, junto con “Regiones” y “Diputados Populares” una mayoría absoluta en la Cámara Baja para apoyar cualquier decisión del mandatario. Así que todos los esfuerzos de la oposición, especialmente liberal, serán nulos.

Al parecer, a quien ha sorprendido más esta unión entre Luzkov y Putin es al magnate Vladimir Gusinski, quien permanece refugiado en su mansión de Sotogrande, Cádiz. El magnate ha “merecido” el odio de Putin precisamente por su apoyo incondicional a Luzkov en las últimas elecciones. Aunque, según las declaraciones de su abogado, Domingo Plazas, a Libertad Digital, el oligarca no se extraña: “cada uno, en las circunstancias de Rusia, intenta salvar su pellejo”, dice.

Y es que la máxima concentración de poder en manos de unas pocas personas nunca ha significado nada bueno, ni para Rusia, ni para cualquier otro país.

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