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¿Qué pasa en Afganistán?

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Nosotros, gente ingenua que creemos todo lo que nos dicen los medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, no entendemos nada de lo que pasa en Afganistán. A finales del año pasado ya festejamos la victoria final sobre las “fuerzas del mal” en aquel lejano país. Nos mostraron a unos talibanes presos y desarmados, abandonados por sus líderes fugitivos. Nos dijeron que las mujeres afganas iban a quitarse las “burkas”, ponerse hasta minifaldas y, junto con sus maridos, ellos sin barbas, construir una democracia libre y una economía de mercado. Occidente, conmocionado, ya sacaba su billetero para financiar la reconstrucción y las reformas afganas. Todo parecía más bien una película de Hollywood: vienen los “buenos” y en un periquete acaban con los “malos”.

Pero la vida no es una película. Desde el inicio de la operación antiterrorista, los que siguen el tema afgano desde hace años y los que entienden algo de guerras han advertido de que no hay, ni probablemente habrá, motivos para la euforia en el escenario afgano. La verdadera guerra todavía no ha comenzado. Los expertos rusos, sin duda los mejores en este asunto, avisan de que esta guerra comenzará en verano, cuando los árboles en las montañas se cubran de hojas. Protegidos por la espesura de los bosques, los guerreros saldrán de sus escondites y atacarán con fuerza a quienes llaman “infieles”. Por lo menos, así es como han actuado durante los últimos dos siglos y, al parecer, no cambiarán su táctica.

Pese a todo, la situación hoy en día tampoco es tranquila. Los combates tienen lugar prácticamente día y noche. Nos dicen que se trata de operaciones de las patrullas estadounidenses, británicas y australianas que “limpian” el terreno para acabar con los últimos resistentes de Al Qaeda y de los talibanes. No lo creemos. Primero, porque la palabra “últimos” se ha utilizado a diario desde hace seis meses. Segundo, porque los que atacan no son las tropas aliadas sino los propios resistentes. Además, los ataques no se llevan a cabo con piedras y palos, sino con misiles, ametralladoras pesadas y fusiles de asalto “kaláshnikov”, lo que confirma que el potencial bélico de la resistencia nunca ha sido destruido.

Tampoco está nada claro el tema de las bajas de los aliados. Al parecer, es el secreto militar mejor guardado del mundo. Oficialmente, en marzo han muerto nueve soldados americanos, en abril otros cuatro y el pasado domingo uno más. Mientras tanto, las fuentes rusas, bien informadas por sus agentes afganos, citan cifras más sustanciales. La verdad es que en las operaciones terrestres en las zonas montañosas, donde no se puede utilizar blindados, ni helicópteros, se caza sin bajas sólo a las cabras. Los fanáticos islamistas, aguerridos y dispuestos a luchar hasta el último cartucho, no se dejan aniquilar sin causar daño a sus enemigos. En la guerra no hay milagros.

La enfermedad de los ingleses en la base de Bagram tampoco nos parece casual. Para tranquilizar a la opinión pública se dice que es una vulgar diarrea. No obstante, sabemos que los afganos siempre han utilizado todo tipo de venenos en la lucha contra sus enemigos. Decenas de soviéticos, entre civiles y militares, perecieron envenenados durante su presencia en Afganistán (1979-1989). Entre las víctimas figura el comentarista televisivo Alexánder Kavierznev, que murió durante el rodaje de un documental sobre la guerra afgana.

Y como si fuese poco, en las pantallas de la televisión reaparecen el “mulá” Omar y el propio Osama ben Laden que, en nuestra ingenuidad, considerábamos muertos en una de sus guaridas afganas. Nada de eso. Sanos y salvos, amenazan de nuevo a Estados Unidos.

¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? Primero, debemos ser conscientes de que la lucha antiterrorista no es un paseo de recreo. Necesitará tiempo, dinero y, cómo no, sacrificios humanos; y eso, sin ninguna garantía de éxito. El riesgo está justificado si queremos limpiar de verdad el mundo de terrorismo. Si no se admiten ni estos gastos, ni pérdidas humanas, mejor retirarse cuanto antes de Afganistán.

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