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Que viene Gorbachov

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La noticia de la celebración en España, el próximo mes de octubre, de una “Conferencia para la Transición y Consolidación Democráticas” no nos emociona. Y no porque seamos antidemócratas o nos sintamos indiferentes ante el futuro de la humanidad. Simplemente, no nos gusta el protagonista de esta conferencia, el ex-secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov. Nos parece que su polémica figura puede proporcionar a la conferencia un carácter demagógico y hasta hacer fracasar las aspiraciones de los que, de verdad, están preocupados por los destinos de la democracia.

No nos gusta que un tema tan importante y tan sensible caiga en manos de un indivíduo que está considerado por la élite intelectual de su propio país como un “impresentable”. Y ya no hablamos del pueblo ruso. En Moscú Gorbachov no sale ni a la calle por miedo a que le escupan o le peguen, como ya ha sucedido en varias ocasiones.

Porque para cualquier ruso la figura de Gorbachov es el símbolo de la paranoia política, de las mafias, de la corrupción, de la miseria, de la destrucción, del hambre, de la guerra y de la muerte. Porque todos estos males prosperaron como nunca durante su desgraciado mandato.

Algunos observadores le atribuyen el mérito de haber desmontado el régimen totalitario. No es cierto. El régimen totalitario nunca ha sido liquidado en Rusia. Lo que hizo Gorbachov es repintar la fachada. Lo hizo con fines exclusivamente propagandísticos a la espera de recibir créditos extranjeros para tapar el fracaso de sus reformas económicas. Su enemigo mortal, Borís Yeltsin, tras quitarle del medio, utilizando su impopularidad, siguió con esta misma tarea. Los dos lo hicieron de forma tan chapucera que el actual inquilino del Kremlin, Vladímir Putin, levanta con mucha facilidad la capa de esta pintura mal pegada para que el totalitarismo brille como nunca.

Es de recordar que mientras Gorbachov, por voluntad del Politburó, era líder del país, nunca se ha arrepintió de ser marxista-leninista. No criticó la doctrina comunista, ni el totalitarismo. Sus fracasadas reformas económicas estaban encaminadas a “mejorar” el pervertido régimen y no a acabar con él.

Su incapacidad y torpeza como estadista provocaron varios conflictos armados en la época de su gobierno. Georgia, Armenia, Azerbayán, Letonia y Lituania fueron escenarios de acontecimientos sangrientos.

Es de recordar también que la desgracia de Chernóbil surgió precisamente como consecuencia de una de sus “reformas”, cuando, en un fervor bolchevique, instó a los trabajadores a manifestar más su “entusiasmo laboral” y despreciar las “normas burocráticas” existentes. Precisamente esto fue puesto en práctica durante el experimento con el reactor nuclear que causó la tragedia el 26 de abril de 1986.

Según las memorias recientemente publicadas por uno de los antiguos ayudantes de Gorbachov, éste último nunca ha sido demócrata por mucho que se proclame ahora “socialista” y partidario de valores universales. En cuanto a sus ambiciones, al parecer, no tienen límites. Fracasado en su propio país, intenta buscar la popularidad internacional.

El semanario moscovita “Zavtra” hace poco advertía con el típico “humor negro” ruso: “Gorbachov se levanta de su tumba política para actuar. ¡Ojo! Se sabe lo que puede pasar cuando salen los muertos. ¡Se aproxima el fin del mundo!”.

Sea como sea, el único beneficiario, según nuestra opinión, de la reaparición de este personaje en la esfera internacional podría ser la empresa “Pizza Hut”, por supuesto, si le invita de nuevo a participar en su campaña publicitaria.

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