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¿Quién es Shamil Basáev?

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Un aspirante a Califa admirador del "Che"

En junio de 1995, las televisiones mundiales difundieron unas imágenes escalofriantes -con mucha sangre y muchos cadáveres- procedentes de Rusia. Un grupo de chechenos, fuertemente armados, atacó la ciudad de Budiónovsk, un pequeño centro administrativo perdido en las estepas sureñas. De madrugada, entraron en las casas y ametrallaron a gente dormida, sin distinguir edad ni sexo de sus víctimas. Así, mataron a sangre fría a unas 200 personas. Pero aparecieron los militares rusos y la banda se atrincheró en el hospital local. Se hizo con rehenes: madres y sus bebés recién nacidos. Para que no hubiera más sangre inocente, el gobierno ruso permitió a los terroristas que abandonaran el sitio y regresaran a Chechenia. Desde aquel momento, el mundo conoce a Shamil Basáev, un “señor de la guerra” que planificó y realizó el ataque. Por su hazaña contra los infieles en Budiónovsk fue proclamado “héroe” entre los islamistas. Desde entonces, es también el enemigo número uno de los rusos.

Desde joven, Basáev ha sido muy ambicioso. Nació en 1965 en una familia numerosa chechena. Tras terminar la escuela secundaria, intentó tres años seguidos ingresar en la Universidad de Moscú para estudiar derecho, pero nunca pudo pasar la selectividad. Por fin empezó a estudiar, también en Moscú, para ser corredor de fincas. Un año después fue expulsado por suspender todas las asignaturas. Intentó hacer negocios en la capital rusa y tampoco tuvo éxito. De allí, según sus biógrafos, proviene su profundo odio a todo lo ruso.

Entre 1989 y 1991 estudió en la Universidad Islámica de Estambul. El ateo y miembro de las Juventudes Comunistas se trasformó en un integrista musulmán y partidario del movimiento separatista que creció en Chechenia a principios de los noventa.

Sus actividades terroristas empezaron en 1991. Secuestró un avión ruso para "informar al mundo -según él- del problema checheno”. Luego, luchó en las tropas azeríes contra los armenios, y en las abjazas contra los georgianos. Se desplazó varias veces a Afganistán para aprender técnicas de la guerrilla en los campamentos del millonario saudí, Osama bin Laden, bestia negra de EE.UU. Actualmente, los dos mantienen relaciones amistosas.

Durante la primera campaña militar rusa-chechena (1994-1996), Basáev dirigió un grupo de dos mil hombres que, tras un sangriento combate en Vedeno, se redujo a 200 combatientes. Asimismo, perecieron 12 de sus familiares, incluso su hermana y uno de sus tres hermanos. Pero las desgracias no hundieron a este hombre. Su fama de combatiente por el Islam y su influencia en la guerrilla chechena creció durante la guerra.

Tras obtener la victoria militar sobre los rusos y firmar la paz, el presidente checheno Masjádov ofreció a Basáev varios altos cargos politicos. El clan de Basaev se hizo con la industria petrolera de Chechenia y se convirtió en millonario. A mismo tiempo crecieron las ambiciones de Basaev. Los límites de Chechenia ya no le satisfacían. Quería crear un estado islámico en todo el Cáucaso del Norte, incluído el vecino Daguestán, una región autónoma rusa.

En agosto de 1999, un grupo armado dirigido por Basaev atacó el territorio de Daguestán y mató a más de 2.000 civiles. Pero, esta vez ya no era el senil Boris Yeltsin quien dirigía la política rusa en la región. La joven estrella, Vladímir Putin, tomó la iniciativa en sus manos. Derrotó a Basáev. Y es más: utilizó este ataque para acabar con la soberanía de Chechenia.

En invierno del año pasado Basaev dirigió la defensa de la capital Grozni, cercada por los rusos. Perdió su pierna derecha al estallar una mina. Se escondió posteriormente en las montañas del sur de Chechenia, desde donde dirige las actividades de su guerrilla.

Los tiempos han cambiado y las desgracias persiguen a Basáev. Recientemente, su hermano mayor, Shirvani, perdió la vida en una emboscada rusa. El mismo Basáev sufre de diabetes y múltiples consecuencias de sus ocho heridas graves. La precaria salud le ha obligado, en varias ocasiones, a abandonar las filas y pasar meses en clínicas extranjeras.

Pero su espíritu y sus ambiciones siguen adelante. Recientemente publicó una carta abierta a Arafat donde le pide abandonar su cargo como presidente de la autoridad palestina. Basáev dice que tiene la intención de ocuparse personalmente del problema judío en Palestina para crear un califato, sin la ayuda de los “kafires” (infieles), en alusión a Estados Unidos.

Dicen que en su tiempo libre, Basáev juega al ajedrez y escribe versos líricos en ruso. Lleva en su mochila la foto del “Che” Guevara, todo un ídolo para este guerrero islámico, que es también admirador de Charles de Gaulle.

Rusia ha puesto precio a su cabeza. Mejor dicho, ha sido Putin quien le ha puesto precio: vivo o muerto, como en el lejano Oeste americano. La ofensiva rusa sobre los chechenos durante este invierno se prevé dura. Esta guerra la ganará quien tenga más paciencia.

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