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¿Quién mató al terrorista Raduyev?

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Tras la muerte del tristemente célebre criminal checheno, Salmán Radúyev, en una cárcel rusa de alta seguridad, aparecen en la prensa internacional varias versiones sobre el origen de su fallecimiento. Dicen que lo que acabó con su vida ha sido una enfermedad que padecía desde niño o también que ha sido apaleado por los guardianes de la cárcel. Las dos cosas le han podido producir la “hemorragia interna”, causa directa de su muerte. Pero, ni una, ni otra versión nos parecen convincentes. Y es que hasta hace poco, los médicos declaraban que Radúyev gozaba de buena salud. Al mismo tiempo, las autoridades rusas no estaban nada interesadas en su desaparición, ya que era uno de los principales testigos del “caso Zakáyev”. Rusia solicita actualmente la entrega de este último, refugiado en Gran Bretaña.

Es curioso que en estas circunstancias nadie recuerde que Radúyev, como todos los terroristas chechenos, culpables de delitos de sangre, fue condenado a muerte, en su día, por el “poder supremo” ruso que sigue controlando todas las esferas de la vida en el país. Se trata del mundo del crimen o de la todopoderosa mafia rusa. “En la calle rigen las leyes policiales, en la cárcel las de los ladrones”, decía un viejo proverbio ruso de la época comunista. Pero resulta que tras la caída del régimen bolchevique, el poder de la cárcel se extendió a todo el país: a la vida política, económica, social y hasta cultural de Rusia. Y eso gracias a la ayuda de la propia “nomenklatura” comunista que necesitaba a la mafia para hacerse, de forma arbitraria e ilegal, con las riquezas del país.

No es de extrañar que por sus “méritos” ante la burocracia estaliniana, la mafia, compinchada con esta burocracia, obtuviera un enorme poder. Pero si la “nomenklatura” es completamente inmoral y perversa, el mundo de la cárcel sí tiene su propia “ética” y “normas morales”. Además, estas normas datan de siglos y no cambian nunca. Por ejemplo, según los criterios de la cárcel, los terroristas, asesinos de inocentes, igual que los pederastas, no tienen perdón y sus crímenes son castigados con la pena capital, independientemente de lo que diga el código penal.

Tiene toda la razón el terrorista Zakáyev cuando dice a la prensa londiniense que su entrega a las autoridades jurídicas de Moscú significaría una muerte segura para él, a pesar de que en Rusia existe una moratoria oficial sobre la ejecución de presos. Zakáyev sabe muy bien que el mundo de la cárcel cumple sus leyes al pie de la letra. Los padrinos de la mafia recordaron recientemente a la guerrilla chechena, tras el secuestro en un teatro de Moscú, que los pocos participantes en este acto terrorista que salieron con vida serán ejecutados “sine qua non” en la cárcel. Las autoridades rusas no dudan de que sea así y por eso los tres presos, relacionados con el secuestro, permanecen hasta ahora aislados en los sótanos de “Lubianka”, sede principal de los servicios de seguridad en Moscú. En la cárcel no durarían ni un día.

Es de recordar también que el pasado mes de agosto murió en una cárcel rusa el antiguo “ministro de Seguridad” del gobierno separatista checheno, Turpal Ali Atgueríev. La “enfermedad” que acabó con su vida fue la misma que la de Radúyev: “hemorragia interna”. ¿Por qué entonces las autoridades rusas ni siquiera han hablado de la versión mafiosa de la muerte de Radúyev que parece la más probable? Al parecer, no quieren mostrar al mundo que quienes siguen mandando en su país, imponiendo sus leyes en todas las esferas de la vida, son las mafias criminales, verdaderas y únicas dueñas de Rusia.

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