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Sacar conclusiones de la realidad histórica

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Llega la hora cuando los políticos y los ciudadanos, incluidos los periodistas, debemos sacar  conclusiones de lo que ocurre últimamente en España y, en general, en el mundo. Las cosas van en serio: ya nadie puede salir de su casa, ir al cine, viajar en  tren o en avión sin pensar que, en cualquier momento, él y sus hijos puedan ser víctimas de unos criminales obsesionados por la circuncisión universal. Ya no se trata de las luchas entre el bien y el mal que hemos visto tanto en las películas. Es la vida real. Nosotros debemos vencer en esta lucha sin cuartel. No tenemos otra solución. Pero, primero, lo que  necesitamos es depurar  nuestra moral y nuestra conciencia, debemos ver las cosas tal como son, determinar quienes son nuestros aliados y nuestros enemigos.
 
Los que lo hemos hecho desde ya bastantes años no entendemos, por ejemplo, el empeño de la prensa nacional de dedicar tantos artículos, llenos de odio, al antiguo líder serbo-bosnio, Radomir Karajic, llamándole “genocida”, “criminal”, “asesino”, etc.  Le tratan como si fuese el principal culpable de la carnicería del 11 de marzo. Tampoco entendemos el empeño de la OTAN de capturarle  a pesar de permanentes fracasos. ¿No hay otro trabajo más decente para los militares  profesionales en las circunstancias actuales?
 
No, no escribimos estas líneas para justificar los presuntos crímenes de guerra que ha cometido esta persona, por cierto, considerada héroe nacional por los serbios. A nuestros lectores sólo les queremos recordar que el pequeño pueblo serbo-bosnio fue el primero en Europa en ser objeto del ataque genocida islamista. Este pueblo no se limitó de enterrar y llorar a sus muertos sino que se levantó con armas en la mano contra la bestia terrorista, la misma que protagonizó, diez años después, la matanza  de Madrid.
 
En aquel entonces, a principios de los 90, yo trabajaba de editor en la delegación  de la agencia EFE para Oriente Medio y Africa del Norte. Las noticias me llegaban de todos los países de la zona: miles de integristas islámicos se dirigían a los Balcanes para limpiarlos étnica y religiosamente y convertirlos en la base de la futura conquista de Europa. Fueron entrenados y armados hasta los dientes por Bin Laden y sus compinches.
 
Desde aquellos tiempos hasta hoy todos los principales terroristas internacionales lucen en su curículum el “jihad” en  Bosnia. Y eso que no lograron sus propósitos criminales. No lo consiguieron debido  a Karajic, a los serbios y  también a un puñado de cosacos, guerreros rusos, que vinieron desde el lejano río Don en ayuda de sus hermanos cristianos. Frenaron  con su sangre el avance terrorista en Europa.
 
Mientras tanto, la Europa social-demócrata, la Europa de hipocresía, sin fe ni moral, primero observó  con indiferencia el genocidio de un pueblo inocente y luego cuando las cosas cambiaron a favor de este último mandó a sus tropas para… proteger a los terroristas. Una política muy “oportuna” y sobre todo muy “justa”.
 
Me comenta el antiguo corresponsal en los Balcanes, el actual  director adjunto de la radio estadounidense  “Liberty”, Andrey Shary, que  en los 90 los soldados de la OTAN “no hacían ningún caso” a los campamentos de terroristas internacionales en la zona musulmana de Bosnia. Había varios centros de entrenamiento: los terroristas necesitaban bastante “personal preparado” para realizar sus ambiciosos planes en Gran Satán (EEUU), Al Andalus  y en otros sitios.
 
¿En qué mundo vivimos, señores?¿Cuántos de los nuestros deben morir a manos de los terroristas para que  aprendamos algo en esta vida? 

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