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¡Todos a la cárcel!

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Un verdadero pánico reina en los círculos empresariales rusos tras la detención del hombre más rico del país, llamado Mijail Jodorkovski. La gran diáspora rusa afincada en la Costa del Sol no es ninguna excepción. Los millonarios tiemblan de miedo en sus palacetes de mármol y “jaguares”, preguntándose si un día podrán o no volver a Rusia. Todos son conscientes de que pueden compartir el destino de Jodorkovski, porque saben que la procedencia de sus riquezas no es legal y que la gestión de sus empresas tampoco ha sido limpia a lo largo de todos estos años.
 
¿Por qué? ¿Será que el empresario ruso nace ladrón y lo sigue siendo toda su vida hasta que le encarcelen? Por supuesto que no. Resulta que el sistema creado en las ruinas del comunismo simplemente no permite ser honesto. Un empresario cumplidor de la ley no dura allí ni un día. Si pagas todos impuestos debidamente no ganas ni para papel higiénico. Si no sobornas a funcionarios corruptos, dueños de la vida en Rusia, te arruinan en un periquete.
 
Pero los que se adaptan al sistema perverso, o sea, engañan al Estado, roban, sobornan y recurren a todo tipo de chanchullos, salen adelante. Y esta es la gran trampa para el empresario ruso y, por supuesto, para cualquier hombre de negocios extranjero que desea operar en aquel país.
 
Así ha actuado Jodorkovski. En anteriores artículos, que Libertad Digital dedicó a este hombre, hemos hablado de como vendía alcohol falsificado a finales de los 80 o se hacía con el dinero de los clientes del banco “Minatep”. También hemos hablado de cómo sobornaba a altos funcionarios del ministerio de Finanzas para que pagaran las obligaciones del Estado, llamadas VEB, previamente compradas por Jodorkovski por dos duros en calidad de bonos basura.
 
Pero esta vez la fiscalía ha presentado más imputaciones de Jodorkovski. Entre las siete acusaciones de estafa a gran escala, fraude, impago de impuestos, etc, figura el caso de la venta fraudulenta de materia prima rusa al exterior. Por ejemplo, Jodorkovski administró en los años 90 una gran empresa “Apatit”, productora de fosfatos, tras haber comprado, de forma ilegal, el 20% de sus acciones. El producto de la empresa se vendía al exterior, por un precio mínimo, a las empresas fantasmas de Jodorkovski afincadas en las zonas “of-shore”. Posteriormente se revendía a precio del mercado.
 
Según la fiscalía, otros accionistas de “Apatit”, incluso el Estado, perdieron debido a la “ingeniería financiera” de Jodorkovski unos 200 millones de dólares. En general, se calcula que en los últimos años el “oligarca”, dueño también del imperio petrolero “Yukos”, mangó al Estado más de mil millones de dólares. Al parecer, el ansia de dinero no le dejaba a Jodorkovski ni pagar el seguro para el fondo de pensiones de sus trabajadores.
 
Sea como sea, en Rusia, por el momento, nadie se da cuenta de que antes de pedir a la gente que sea honesta hay que crear un sistema político y social más o menos honesto. Y sobre todo, limpiar el aparato del Estado, porque, según un proverbio ruso, “el pescado se pudre por la cabeza”.

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