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Un aviso para el régimen (Fin de semana)

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La misma vida da un toque al caducado régimen georgiano, le dice “¡Basta ya!” y le invita a pasar a la historia. El régimen, representado por el maquiavélico, Eduard Shevardnadze, ya tiene pocas expectativas, al parecer, de seguir en el poder en esa sufrida república ex-soviética. Muchos analistas la llaman “Somalia del Cáucaso” debido a que su territorio no está controlado por un gobierno sino por “señores de la guerra”.

Shevardnadze hizo su carrera política como encargado del Kremlin para vigilar el “orden” en Georgia. Sus “méritos” en la lucha contra la disidencia política de los tiempos comunistas le llevaron a Moscú, hasta el mismísimo buró político del PC de la Unión Soviética, máximo órgano del poder. Pero en la Georgia independiente ya no hay una CheKa bolchevique para machacar a los descontentos.

El viejo dictador, incapaz de sacar adelante a su nación por la vía de las reformas, se mantiene en la presidencia gracias al apoyo de los clanes mafiosos y criminales, con los que comparte el poder. La mejor ilustración de como “funciona” el régimen son los auto-atentados que organiza Shevardnadze. El propósito es acusar, posteriormente, a la oposición para deshacerse de ella.

Por supuesto, la actual crisis no está provocada sólo por el conflicto entre una cadena de televisión y el ministerio del Interior, que quería amordazarla. Tiene raíces mucho más profundas. En primer lugar, es la miseria de la población que sobrevive aguantando la doble presión: del Estado corrupto y de las bandas criminales. Basta decir que los policías georgianos no reciben salario. El Estado no tiene fondos para esto. Viven imponiendo una especie de “impuesto” privado a la gente.

Según las estadísticas, una cuarta parte de los casi seis millones de georgianos ha huído últimamente del país, en busca de una vida mejor: la mayoría a Rusia. La economía está en ruinas, nadie quiere invertir en el caos de ese país criminalizado. El ejemplo de los dos empresarios españoles, que se atrevieron a hacer negocios en Georgia y fueron secuestrados sin que las autoridades georgianas hayan hecho nada para salvarlos, es una buena lección para todos.

Otro grave problema que motivó la actual crisis es el fracaso de la última aventura bélica de Shevardnadze contra la vecina república de Abjasia. En la época estaliniana Abjasia fue atada, de forma arbitraria, a Georgia, aunque históricamente los musulmanes abjasos nunca han tenido nada que ver con los cristianos georgianos. Tras el colapso del comunismo, los abjasos no quisieron soportar más la dominación georgiana y proclamaron su independencia. Desde entonces, el territorio abjaso es objeto de constantes provocaciones por parte de Georgia.

Esta vez el ataque fue perpetrado por mercenarios chechenos, encabezados por un conocido terrorista Ruslán Guelaev, y apoyados por “voluntarios” georgianos. Las tropas abjasos asestaron un golpe mortal a la banda. La aventura le costó la vida a centenares de jóvenes georgianos.

Mientras tanto, Moscú acusa al régimen de Shevardnadze de apoyar al terrorismo internacional, ya que el territorio de Georgia sirve de retaguardia a los islamistas chechenos y de punto de tránsito a los integristas árabes enviados por Al Qaeda a Chechenia.

El destacado opositor georgiano, Igor Georgadze, exiliado en Moscú, considera que, en estas circunstancias, la única solución para Georgia es la dimisión de Shevardnadze y la creación de un gobierno de salvación nacional, capaz de sacar al país del profundo abismo donde se encuentra por la culpa de su dirigente, senil y perverso.

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