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Un bolchevique islamizado

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La muerte del antiguo dictador azerí, Gueidar Aliev, ha pasado prácticamente desapercibida por los medios occidentales. Tampoco suscitó mucha emoción el reciente traspaso de poder en aquel país, de padre a hijo. Las potencias del mundo enviaron, en aquel entonces, telegramas de felicitación deseando al heredero del trono presidencial "nuevos éxitos en el camino del desarrollo democrático" de Azerbayán. Ahora mandaron cables de condolencia por la muerte del ex-mandatario. Mientras tanto la prensa no ve nada "digno" ni "curioso" para mencionar ni en la figura de Aliev-padre, ni en las "peculiaridades" del proceso "democrático" azerí. Tampoco nadie habla de la tragedia de su pueblo ni manifiesta solidaridad con las víctimas del yugo tiránico.
 
No obstante, para nosotros, el caso de Azerbayán sí que tiene un interés especial porque es un vivo ejemplo de cómo el totalitarismo bolchevique se ha convertido en un califato déspota oriental sin escrúpulos, como antes, pero con un velo "democrático" y con reconocimiento internacional. Es evidente el carácter represivo y criminal de este régimen corrupto, con cárceles llenas de presos políticos, y donde el pueblo hambriento tiene sólo un derecho: el de elogiar al presidente. No obstante, los políticos occidentales prefieren engañarse con el "velo". Y es más, el difunto sátrapa fue recibido con honores en todos los sitios que visitaba sin que nadie le reprochara la tragedia de su nación. Murió en una clínica de Cleveland, ya que solía recibir atención médica en Estados Unidos o en Turquía. No es de extrañar: en su propio país la asistencia médica brilla por su ausencia.
 
Pero, ¿quién fue ese Aliev-padre tan venerado en el mundo entero? No es sorprendente que el presidente ruso, Vladimir Putin, viajara para despedirse de él. Son de la misma escuela: proceden del KGB. Aliev sirvió en este órgano del genocidio bolchevique veintiocho años. Tenía grado de general-mayor y llegó a ser jefe del KGB de Azerbayán. Desde el año 76 hasta el 87 formó parte de la cúpula dirigente de la Unión Soviética y fue miembro del Buró Político del Partido Comunista, mano derecha de Breznev y de los líderes posteriores de este geriátrico marxista-leninista. Por su fanatismo totalitario y su devoción hacia las ideas de Stalin fue condecorado dos veces con la Estrella de Oro de Héroe del Trabajo Socialista y recibió cinco órdenes de Lenin, la condecoración más importante del bolchevismo. O sea, que fue uno de los más privilegiados y mimados del régimen.
 
Tras el colapso de la URSS se retiró de Moscú y se instaló en Azerbayán. No dudó en cambiarse de chaqueta. Se hizo "islamista moderado", "demócrata", "prooccidental", etc. Pero, en 1993 actuó sin ningún "velo": protagonizó un golpe militar contra el legítimo presidente del país, el ex-disidente y preso político, Abulfaz Elchibey. Así, un régimen democrático fue fulminado junto con sus seguidores por el Pinochet azerí. Pero no se ha encontrado, hasta el momento, ningún juez o tribunal que intente juzgarle por sus crímenes. Su hijo, Ilham, elegido en unos comicios obviamente manipulados e ilegales, está reconocido por la comunidad internacional como presidente legítimo de Azerbayán. La dinastía islamo-bolchevique sigue en el poder.
 
¡El mundo va bien, señores!

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