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Un desafío a las normas civilizadas

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El juicio contra el presunto espía estadounidense Edmond Pope, que tiene lugar en Moscú, podría ser catalogado como un caso rutinario. De vez en cuando, el viejo gato llamado KGB soviético, convertido en FSB ruso, muestra lo que le queda de los dientes y de las uñas para persuadir a su propio gobierno de que es todavía útil y capaz de cazar ratones. Poca importancia tiene, en estas ocasiones, el hecho de que los ratones sean inocentes. No han robado nada, simplemente, porque en casa no queda ni pan, ni queso, ni cualquier otra cosa para robar.

Pero el “caso Pope” es distinto. El antiguo oficial de la Marina estadounidense, de 54 años, es un empresario. Tras escuchar numerosos llamamientos de los mandatarios rusos al mundo de los negocios para que invierta en Rusia, decidió asumir el riesgo. Y como vemos, no sólo el riesgo de perder el dinero, sino su propia vida, ya que el fiscal le amenaza con 20 años de cárcel. Se desplazó a Rusia y empezó, poco a poco, a estudiar el caótico mercado de este país. Para su desgracia, se movía en el campo de la reconversión de la industria militar a usos civiles. Y no era el único. En este campo intentan trabajar muchos extranjeros, porque allí hay todavía algunas condiciones para organizar una producción moderna, así como mano de obra cualificada, cosa rara en la Rusia de hoy.

Los abogados dicen que la recogida de la información sobre las empresas con las que Pope pretendía colaborar era una cosa normal y corriente en el mundo civilizado. Un empresario tiene que saber todo sobre sus socios, especialmente porque Pope se proponía abrir una empresa mixta. Ahora le acusan de haber robado “tecnologías modernas rusas” de carácter militar “para sacar adelante el potencial bélico estadounidense”. Cosa que nos parece absurda debido a las siguientes circunstancias.

Primero, en Rusia no hay actualmente este tipo de tecnologías. En los últimos diez años la industria militar y sus centros de investigaciones no reciben financiación del Estado. No producen nada nuevo simplemente porque no tienen medios para eso. El atraso tecnológico es uno de los problemas más graves de la economía rusa. Precisamente por eso necesita la colaboración extranjera.

Segundo, los pocos “secretos militares” que poseía Rusia en la época soviética, están ya vendidos hace tiempo por los funcionarios corruptos del régimen. Vendidos, por cierto, no sólo a presuntos “espías” occidentales, sino también orientales, incluso a China, Corea del Norte e Irán. Mientras tanto, los abogados de Pope aseguran que los materiales recogidos por el empresario y que le sirven a la acusación para juzgarle no representan ningún secreto, ni en Rusia ni en el extranjero.

La defensa se queja de que este hombre, enfermo de cáncer, cuya salud ha empeorado en la cárcel desde que fue detenido el pasado mes de abril, ni siquiera entiende de que le están acusando. El tribunal no se preocupó por proporcionarle una traducción más o menos comprensible de la acusación y le negó el examen médico. El carácter anormal del proceso se confirmó cuando a los abogados de Pope les fue denegada la comparecencia ante el juzgado del principal testigo de la defensa: el ciudadano ruso Anatoli Babkin que entregó al acusado los papeles sospechosos.

En estas circunstancias hay otra versión de por qué a Pope le tocó este destino. Hay sospechas de que el empresario fue delatado por sus colegas rusos por ser demasiado “tacaño”. Y es que la mayoría de los burócratas rusos, convertidos recientemente en hombres de negocios, esperan de sus socios extranjeros dinero innmediato y en efectivo. No les importa tanto los negocios, inversiones y los futuros beneficios. El dinero ahora: para comprarse un Mercedes y un chalet en Marbella. Y los extranjeros que no cumplen con estos propósitos tienen que ser castigados. Así son las normas en un país donde reina el “crimen institucional”, según un reciente informe del Congreso estadounidense.

Añadiremos que el juicio está acompañado por una campaña en la prensa rusa que hace recordar los peores tiempos de la guerra fría. Los “patriotas” arremeten contra los extranjeros en su país porque amenazan la “grandeza de la madre Rusia”.

A ello debemos sumar que Pope no ha tenido la peor suerte. Uno de sus compatriotas, que también se dedicaba a negocios en Rusia, fue ametrallado y murió en plena calle de Moscú hace unos años, simplemente porque no quiso ceder una parte de las acciones a sus socios rusos del hotel “Slavianskaya”.

Unos buenos ejemplos y estímulos para hacer reflexionar a cualquier empresario que desee hacer negocios en Rusia.

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