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Una fuerza contra el avance integrista

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Seis países de la antigua Unión Soviética (Tayikistán, Kirguizia, Kazajstán, Armenia, Rusia y Bielorusia) acordaron, días atrás, la creación de un contingente militar conjunto en Asia Central. Los máximos mandatarios de estos países se reunieron en Bishkek, capital de Kirguizia, para firmar un documento sobre el asunto. Este acontecimiento es interpretado por ciertos analistas internacionales como un nuevo intento de Rusia para aumentar su influencia sobre sus antiguos aliados. Pero, esta vez, no han acertado.

Las antiguas repúblicas de la URSS, muy recelosas a la hora de llegar a cualquier compromiso con Rusia, conociendo sus ambiciones, esta vez no han vacilado en poner su firma bajo el documento. Existe un peligro real y los países se unen ante tal vicisitud.

Se trata del empuje del integrismo islámico armado procedente de Afganistán, según los firmantes del acuerdo. Tras las últimas victorias de los talibanes en el Norte de Afganistán sobre las tropas de Ajmed Shah Masud se sospecha que el régimen de Kabul puede trasladar su “guerra santa” al territorio de las repúblicas ex-soviéticas de Asia Central para acabar con sus regímenes laicos. La implantación de estados islámicos, con “Sharia” (ley coránica) en vez de Constituciones democráticas, podría aislar esta zona del resto del mundo para muchos años.

Las sospechas sobre los planes de los islamistas afganos están bien fundadas, ya que el verano pasado la montañosa república de Kirguizia fue víctima de ataques de unos grupos islamistas procedentes de Afganistán. Estos ataques causaron numerosas víctimas humanas y daños materiales. Los guardafronteras rusos que -según un convenio con el gobierno de Tayikistán- están desplazados en la frontera con Afganistán, se enfrentan cada día con los integristas armados, traficantes de droga y bandas de delincuentes comunes que intentan cruzar la frontera. Tayikistán sufrió recientemente una sangrienta guerra civil entre las fuerzas laicas del gobierno y la guerrilla integrista, apoyada por el régimen de Kabul.

Se teme también que las ideas integristas, exportadas desde Afganistán, encuentren un cierto apoyo en las capas desfavorecidas de los países de Asia Central, que se hundieron en la más profunda miseria tras el colapso de la Unión Soviética. Las graves dificultades económicas, el desempleo y el hambre crean unas condiciones propicias para que las antiguas ideas comunistas sean sustituidas por otras ideologías aún más radicales y totalitarias.

Rusia ha denunciado ante la comunidad internacional, en varias ocasiones, que en Afganistán se encuentran por lo menos cinco bases de entrenamiento de terroristas internacionales. Sus “alumnos” combatieron en Bosnia, Kosovo y Chechenia. Estas bases, según los rusos, están financiadas por el tristemente célebre millonario saudí, Usama Ben Laden. La primavera pasada Moscú amenazó a Kabul con bombardear estas bases si los afganos no ponían fin a su ayuda a la guerrilla chechena.

En cuanto a la estructura de una nueva formación militar conjunta, todavía no hay muchos datos sobre su formación. Al parecer, todo será resuelto “sobre la marcha”. Lo que está más o menos claro es que el núcleo de esta fuerza será formado por los rusos, especialmente por la 201 División de Infantería Motorizada, estacionada ahora en Tayikistán. El gran obstáculo para formar este contingente serán los problemas económicos que atraviesan todos los países firmantes. El ejército del principal socio, Rusia, padece la falta crónica de financiación aunque conserva todavía su capacidad operativa. La situación en las Fuerzas Armadas de otros países es todavía mucho peor y quizá su aporte a las fuerzas conjuntas será mínimo.

Al parecer, tras la guerra de casi diez años en Afganistán y la guerra sin fin en Chechenia, los rusos se toman en serio el peligro del avance integrista. El pasado junio, durante su visita a España, el presidente ruso, Vladimir Putin, declaró que Rusia asume un papel importante en la lucha contra el terrorismo internacional y el integrismo islámico y que espera un apoyo de Occidente en esta lucha.

En cuanto a la última reunión en Bishkek, sus participantes llamaron a la comunidad internacional a que “tome medidas para imponer la calma en Afganistán” que, según ellos, es “un centro mundial de terrorismo internacional y de tráfico de drogas”.

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