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Una fuerza naval para el Mar Negro

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Una nueva fuerza multinacional ha sido creada en el mar Negro. Se llama “BLACKSIFOR” y se compone de seis buques de guerra, uno por cada país miembro. Son Bulgaria, Georgia, Rumanía, Turquía, Rusia y Ucrania. Estos seis países participaron en la creación de la Armada internacional.

En los documentos del Estado Mayor ruso, la fuerza figura bajo un nombre menos enigmático: “Grupo Naval de Cooperación Operativa”. Y es que los países que forman la nueva flota pretenden “cooperar” en las operaciones de paz, de búsqueda y salvamento en el mar, ayuda humanitaria y trabajos para desactivar minas. También se comprometen a proteger el medio ambiente, realizar visitas mutuas de amistad y un largo etcétera.

El Kremlin se ha apresurado a declarar que la formación de este grupo naval es fruto del “éxito de su política de paz y colaboración”. “Se trata de un paso muy importante para fortalecer la confianza mutua en esta región estratégica”, declaró un alto representante del Kremlin, quien añadió que la “alianza no está dirigida contra ningún tercer país o grupo de países”.

En cuanto a Rusia, todo está más o menos claro. En su deseo por recuperar el poderío perdido está dispuesta a participar en cualquier alianza, en cualquier parte del mundo.

Al mismo tiempo, salta a la vista que el grupo está compuesto por antiguos países de la URSS o miembros del disuelto Pacto de Varsovia que, por cierto, pretenden, hoy en día, entrar en la OTAN. Tampoco se ve mucha lógica, a primera vista, ante la presencia en esta formación regional de Turquía, un país de la Alianza Atlántica y socio estratégico de Estados Unidos.

Eso, a primera vista. Pero cuál es nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que no se trata de la única forma de cooperación militar que tiene Estambul con Moscú a espaldas de la OTAN. Y es que, al parecer, la política de sentarse en dos sillas no les molesta nada a los turcos. Así, Rusia mantiene con ellos, además de un gran intercambio comercial, una cooperación militar más estrecha que la que tenía hace diez años con los países de Europa del Este.

Los dos Estados cumplen al pie de la letra un acuerdo que firmaron en abril de 1994 y que fue recientemente ampliado. Se trata del intercambio de cadetes que estudian en los centros docentes militares de los dos países. También los oficiales superiores de ambas partes tienen la posibilidad de “elevar sus conocimientos operativos” en las academias y centros superiores de investigación de sus socios. El acuerdo prevé, asimismo, la cooperación y consultas permanentes entre los Estados Mayores Generales y los Estados Mayores de distintas ramas de las Fuerzas Armadas. El intercambio de experiencia en los temas “tácticos y logísticos”, especialmente en los suministros para la tropa, también está previsto, así como la cooperación en los temas jurídicos relacionados con el servicio militar.

El acuerdo promueve visitas mutuas de altos mandos militares para “incrementar la confianza”, igual que el desarrollo de la cooperación en la navegación, oceanografía y medicina militar.

Pero lo más curioso es que el mismo documento prohibe a sus firmantes entregar la información adquirida gracias a esta cooperación a una tercera parte, es decir, a la OTAN en caso de Turquía.

Frente a esa intimidad de relaciones de Rusia con uno de los países clave de la Alianza Atlántica, la creación de una pequeña fuerza naval “con fines humanitarios” parece una inocentada.

¿Sabe algo de todo esto Mr. Robertson?

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