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Una guerra olvidada

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La operación antiterrorista en Afganistán de hace un año no ha logrado poner fin ni a los talibanes, ni a la red del terrorismo internacional Al Qaeda. Esta última sigue con los atentados donde y cuando le da la gana y la guerra afgana continúa su ritmo habitual, tal y como lo habíamos previsto en nuestros comentarios del año pasado. El axioma de que no se puede conquistar Afganistán, ni controlar a su población es cada día más obvio. Es obvio también que los pronósticos de la mayoría de nuestros “analistas” que anunciaban un próspero futuro democrático para Afganistán y el inminente cambio de las “burkas” por las minifaldas han fracasado.

Mientras tanto, la situación en Afganistán es más tensa que nunca. En el norte del país, el general uzbeco Dostum, uno de los “caudillos” más controvertidos, ataca con artillería y tanques las posiciones de la poderosa milicia tajika del comandante Ostada Atta Mohamad. Dostum es viceministro de Defensa del gobierno de Hamid Karzai, pero esto no le impide actuar en beneficio de sus propios intereses tribales, tal y como la hecho siempre. Con el dinero que recibió de Occidente pudo rearmar su guerrilla con armamento pesado ruso y está dispuesto a hacerse con todo el norte del país. Al parecer, no está conforme con su cargo en el gobierno que más de una vez ha considerado “humillante”. Pretende obtener más poder gracias a sus conquistas militares.

Al mismo tiempo, en la provincia montañosa de Paktia, en el este del país, se concentran unos dos mil combatientes talibanes, apoyados por miembros de Al Qaeda, todos fuertemente armados. Es un féudo del terrorismo internacional, hasta el momento, intocable. La reciente operación militar en la zona, realizada por las tropas de Karzai apoyadas por la aviación estadounidense y unos 60 marines, no dio ningún resultado. El principal foco de la resistencia se encuentra en la zona montañosa de Arma, a unos 30 kilómetros al sureste de Gardez. Según el corresponsal del periódico militar ruso Krasnaya Zvezda (Estrella Roja) en Kabul, Román Streshnev, que cita a su vez a fuentes estadounidenses en Kabul, un marino murió y varios resultaron heridos en esta fracasada operación.

Pero las actividades de la guerrilla afgana no se limitan a defenderse contra los ataques del gobierno en las zonas de difícil acceso. Por ejemplo, son constantes sus ataques con lanzagranadas y armas automáticas contra la base aérea estadounidense de Host. Al mismo tiempo, los soldados del contingente internacional, acorralados en Kabul, viven en un clima de tensión permanente, siendo objeto de tiroteos por parte de grupos de guerrilleros desconocidos. El incidente de hace un mes cuando los paracaidistas británicos dispararon sobre unos transeúntes, al sospechar que eran terroristas, provocó un fuerte malestar entre la población. El odio popular hacia las fuerzas internacionales de paz, consideradas por la mayoría de los afganos como “invasores” e “infieles”, crece cada día y amenaza con hacer fracasar por completo los planes de paz para Afganistán, informa Estrella Roja.

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