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Una tragedia de la guerra

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Las autoridades rusas se enfrentan últimamente con un serio problema. Se trata del juicio contra el coronel Yuri Budánov, ex comandante del 160 regimiento blindado, acusado de haber cometido un crimen de guerra. El juicio, que tiene lugar en la ciudad de Rostov, ha sido aplazado por tercera vez hasta finales de marzo. El pretexto formal es la enfermedad de uno de los testigos de la acusación, mientras que el verdadero son las protestas populares y amenazas de serios disturbios.

La historia del coronel Budánov es una de las tragedias de aquella guerra lejana en las montañas del Cáucaso Norte. Sucedió en primavera del año pasado, cuando en Chechenia ya no había grandes combates y los comandos especiales se dedicaban a “cazar” a grupos aislados de guerrilleros islamistas. Los tanquistas de Budánov se quedaron sin “trabajo” y esperaban su retirada de Chechenia en una base cerca del pueblo de Tangui-Chu. De repente, los militares empezaron a sufrir bajas por disparos de un francotirador. Cayeron 12 hombres, entre ellos varios oficiales, amigos personales de Budánov. Eran las bajas más considerables desde el comienzo de la guerra ya que el coronel era un militar de gran experiencia y su regimiento salía indemne de cualquier combate.

Durante tres días y tres noches, sin dormir, manteniéndose despierto con alcohol, Budánov recorrió con un par de sus lugartenientes los alrededores de la base en busca del asesino de sus hombres. Por fin, los mismos chechenos le dijeron que era una guerrillera integrista llamada Elza Kungáeva. Budánov la detuvo. “¡Os mataba y os seguiré matando!”, le gritó la joven. Al escuchar estas palabras, el coronel, según testigos, tuvo un ataque de nervios, perdió todo su control y estranguló a su presa sin que nadie pudiera detenerle. Luego se presentó en el Estado Mayor de la División: “Pido que me detengan y que me juzguen. Acabo de hacer mi juicio, mis chavales están vengados”, dijo.

La opinión publica rusa quedó dividida ante este trágico suceso. El Gobierno, apoyado por demócratas y defensores de derechos humanos, decidió demostrar con un juicio ejemplar contra el coronel que está dispuesto a castigar a los militares culpables de los crímenes de guerra. El “caso Budánov” fue citado a todas las delegaciones extranjeras que visitaron Chechenia este último año.

Pero los militares, los comunistas y los nacionalistas tienen una opinión distinta, aunque también aprovechan el caso con fines obviamente políticos. Acusan a las autoridades de someterse a las presiones de Occidente y protagonizan una campaña nacional en defensa de Budánov. Le han convertido en un héroe nacional, en un mítico guerrero-mártir, un Cid Campeador ruso, defensor de su pueblo y de la fe ortodoxa contra las “bestias paganas”. La prensa nacionalista no para de publicar artículos describiendo las “hazañas” del coronel en la guerra, sus cualidades como padre de familia, su alta moral humana, sus sentimientos paternos por sus subalternos.

A finales de febrero, miles de activistas del movimiento en apoyo de Budánov, especialmente cosacos uniformados y con armas blancas, rodearon el edificio del tribunal en Rostov. Llevaban iconos y retratos del coronel. “¡Budanov es nuestro presidente! ¡Viva el héroe ruso!” gritaba la muchedumbre muy dispuesta a liberar a su ídolo por la fuerza. Y sólo el popular militar, general Vládimir Shamánov, antiguo jefe de Budánov, pudo tranquilizar el ambiente prometiendo su apoyo al procesado.

Mientras tanto, el mismo Budánov, al parecer, no está nada dispuesto a servir a la causa nacionalista. Está cansado y sufre una enfermedad cardiaca. Confiesa haber cometido el crimen y pide una sentencia rápida y justa.

Según varios observadores rusos, es una víctima más de una gran locura llamada guerra.

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