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¿Visitará el Papa Moscú?

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La agencia Reuters informó de que el Papa tiene planes de hacer una “escala” en la ciudad rusa de Kazán camino de Mongolia el próximo mes de agosto. El propósito de esta visita que, según la agencia británica, será sólo de unas horas es devolver a los rusos el icono de la Virgen de Kazán que desapareció en los tiempos de la segunda guerra mundial y actualmente se encuentra en el Vaticano.

Esta Vírgen es una de las más veneradas por los rusos. El icono milagroso fue encontrado a finales del siglo XVI en la ciudad de Kazán, capital de los tártaros en las orillas del río Volga, recién conquistada por el zar Iván el Temible. Entre muchos milagros atribuidos a la Virgen de Kazán, los rusos destacan su ayuda a la liberación de Moscú de la ocupación polaca en 1612 y la subida al trono de la dinastía de los Románov. El conde Pozharski, con un puñado de guerreros, y el mercader Minin, jefe de las milicias populares, mal armadas y sin preparación militar ninguna, trajeron a Moscú el sagrado icono. Según la tradición, la misma Virgen, protectora de la Madre Rusia, les enseñó como ganar la batalla contra el enemigo polaco. La Virgen ayudó también salvar de los polacos al jóven Misha Románov, futuro zar de Rusia.
Así que la posible devolución del icino significaría una enorme esperanza para millones de los fieles rusos que consideran que sólo esta Virgen puede devolverles la dignidad y el bienestar perdidos tras el colapso de la URSS.

La noticia de la visita papal que no ha sido ni confirmada ni desmentida por el Vaticano y por Moscú aparece cuando la imagen del Papa haya mejorado considerablemente entre los ortodoxos rusos, especialmente por la postura del Pontífice en el conflicto iraquí. Y eso a pesar de un ambiente anticatólico que existe en Rusia a lo largo de los siglos fomentado por los jerarcas de la iglesia ortodoxa. Pero, últimamente el tono de críticas hacia el Vaticano, al parecer, ha bajado. Hoy en día, la sección internacional del Patriarcado de Moscú prefiere hablar de la “existencia de contactos” y de la necesidad de un “diálogo constructivo” entre las dos grandes iglesias. Y el mismo patriarca Alexi no se olvida de mandar al Papa telegramas de felicitación con cualquier fiesta religiosa.

Esta “tregua” viene después de una oleada de acusaciones contra la iglesia católica por su presunto proselitismo en lo que los rusos llaman “territorio canónico ortodoxo” o sea, el territorio de la Federación Rusa. El Vaticano contesta que en este “territorio” viven más de 600.000 católicos que necesitan atención de parte de su iglesia. Asegura que en los últimos 10 años la diáspora católica no ha aumentado, así que no se puede hablar del proselitismo.
No obstante, el Estado ruso, presionado, al parecer, por el Patriarcado, ha denegado en los últimos años la estancia en el país a cuatro sacerdotes católicos procedentes de Occidente, lo que fue mal visto tanto por el Vaticano como por la comunidad católica rusa, compuesta, en su mayoría, por polacos, lituanos y alemanes. El mismo Papa no ha podido viajar ni una vez a Rusia a pesar del deseo de muchos altos políticos rusos de verle en su país.

Es de destacar que la confrontación con el Vaticano no es un fenómeno nuevo para Rusia. Por ejemplo, Catalina la Grande, cerró a finales del siglo XVIII cuatro diócesis católicas en el oeste de su imperio, mientras su nieto, el zar Alexandro, echó en 1815 de Rusia a los jesuítas. Un cierto período de “deshielo” existió en la segunda mitad del siglo pasado: en los tiempos del Papa Juan XXIII las dos iglesias se proclamaron “hermanas” y establecieron amplios contactos ecuménicos y un diálogo filosófico.

Los rumores sobre la posible “escala” del Papa, portador del icono milagroso, abren las expectativas de una nueva apertura en las relaciones de las dos grandes iglesias mundiales.

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