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Vuelven los juicios estalinistas

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Un tribunal de Moscú abrió este lunes el proceso judicial contra el general retirado del KGB Oleg Kaluguin, de 68 años. Le juzgan en rebeldía por “traición”. Sin embargo, Kaluguin no es ningún vulgar agente de la antigua Unión Soviética que huyó a Occidente para ganarse la vida vendiendo los secretos de su patria. Es un hombre honesto, conocido demócrata y antiguo diputado del parlamento. Nunca traicionó a nadie.

Se hizo famoso en los años de la “Perestroika” de Gorbachov, a finales de los 80. Romántico, a pesar de ser general del temido organismo bolchevique, pensó que la apertura política era de verdad. Fue uno de los fundadores del amplio movimiento popular “Rusia Democrática”. Criticó abiertamente en los medios de comunicación las actividades del KGB, que seguía siendo intocable a pesar de los nuevos vientos que soplaban en el país. Pidió reformar el siniestro mecanismo estaliniano. Por estas críticas y propuestas, en 1990 fue expulsado de los servicios secretos. Le quitaron el grado de general, las condecoraciones y la pensión por haber trabajado 32 años en el KGB. Le querían juzgar también por “traidor”, pero, en aquel entonces, no se atrevieron a hacerlo.

Ese mismo año fue elegido diputado del parlamento. Su candidatura fue apoyada por los demócratas de máximo prestigio en el país. No obstante, las presiones contra él seguían y en 1995, decepcionado con el proceso “democrático” ruso, tuvo que abandonar el país y emigrar a Estados Unidos. Se hizo famoso en Occidente por inventar, en compañía de William Colby, el juego virtual “La CIA contra el KGB” que tuvo un gran éxito comercial. Actualmente ofrece servicios privados de consulta sobre la seguridad a los empresarios estadounidenses que desean invertir en Rusia. Es también autor de varias novelas de espionaje.

Ni un agente ruso ha sido detenido por sus revelaciones, tampoco la CIA ha podido utilizar sus conocimientos. Entonces, ¿en qué consiste su traición? No se sabe, porque las autoridades judiciales no desvelan el contenido del sumario. Ni falta hace. Kaluguin es “enemigo” del sistema, el “enemigo del pueblo”, como solía decir el “padre” Stalin. Se ha metido contra el santuario, contra el “alma mater” de los actuales dirigentes de Rusia. Y eso es bastante para juzgarle y condenarle. Las pruebas no se necesitan.

Es la vieja lógica bolchevique reencarnada en la política del presidente Putin. Con esta misma lógica, Stalin juzgó y aniquiló a millones de personas en los años de su gobierno. Y a los que se declaraban en rebeldía y se negaban a formar en fila para ir al matadero, les hacía un favor personal: les mandaba al Ramón Mercader de turno para que cumpliera con la voluntad asesina del “padre”. ¿Correrá el general Kaluguin el mismo destino que Trotski? ¿Sabrá Occidente, que admira tanto la “mirada honesta” de Putin, protegerle?

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