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El desgaste de nuestro enemigo

Después de cuatro años de guerra y resentimientos, las cosas están comenzando a alcanzar un punto de resolución. Tanto los recursos de Estados Unidos como los de sus enemigos están siendo puestos a prueba

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La opinión de la mayoría es que la ocupación de Irak ha sido tan chapucera que sus repercusiones han arruinado los esfuerzos americanos para promover un cambio positivo en todo Oriente Próximo.

Quizá. Pero a pesar de todas las justificadas críticas sobre la reconstrucción iraquí, aún hay dos verdades: Estados Unidos está infligiendo un enorme daño a los yihadistas, y, pese al terrible coste en sangre y dinero, no ha perdido las esperanzas en un gobierno constitucional en Irak.

Los estados sunníes fronterizos, que subsidiaron a los yihadistas y siguen disfrutando con nuestra desventura en Irak, ahora están aterrados al ver que estos asesinos, unidos a los iraníes, se van a volver en su contra. El resultado neto es que no sólo algunos sunníes nos están ayudando en Irak, sino que por primera vez están siendo animados a hacerlo por aquellos que en el mundo árabe preferirían ver salir victorioso al gobierno iraquí que a los terroristas. Y si Irak sigue siendo una terrible decepción, el Kurdistán está emergiendo como todo un éxito que pocos imaginaron, refutando cierta ortodoxia sobre la incompatibilidad entre capitalismo y gobierno constitucional con el islam de Oriente Próximo.

El Irán teocrático no es tan poderoso como se dice habitualmente, sino que está sumido en la crisis más grande de su desgraciada existencia. Al subir la apuesta en la región, los mulás podrían perder muy pronto no sólo Irak sino también su propia dictadura. Tratar de oponerse a Occidente en Irak, el Líbano y Cisjordania les está causando enormes estragos financieros así como un aislamiento general de la comunidad internacional.

Con los precios del petróleo más altos que nunca, Irán no puede suministrar gasolina a su propia gente, que está resentida por los miles de millones gastados en terroristas árabes en el extranjero. Si el petróleo bajase de aproximadamente 70 dólares por barril a 50-55, el régimen tendría que enfrentarse a la bancarrota. A pesar de todas las críticas de la izquierda y la derecha por la posición de Estados Unidos, hemos encontrado la mezcla correcta de determinación militar para impedir que Teherán se convierta en potencia nuclear combinada con iniciativas económicas y políticas de contención. Todavía hay un arsenal de opciones para escoger en el futuro: embargos más fuertes, bloqueos y ataques militares contra las infraestructuras. La agitación social que los mulás desean en Irak está comenzando a salpicar la propia frontera iraní y su magnitud y rumbo final siguen siendo impredecibles.

Siria, pese a todo el terrorismo que practica, todavía no ha logrado derrocar al Gobierno en el Líbano, pero en cambio ha logrado lo imposible: no sólo el mundo árabe busca aislarle sino que Francia y Estados Unidos están cooperando para frustrar sus planes en el país de los cedros. Lo último que deseamos hacer es dar a su industria del terror la legitimidad que anhela enviando más políticos a Damasco.

Por ahora, Hamás está ebria de victoria por lo de Gaza, pero todo lo que ha logrado es concentrar aún más su entramado de terror en un sitio miserable –y muy vulnerable– entre Jordania, Israel y Egipto, mientras sacrifica la ventaja más grande de los palestinos: negar su culpabilidad. Será más difícil de ahora en adelante emplear las cansinas excusas del poli bueno/poli malo, "el ala militante", etc., así como el resto de justificaciones en favor del terrorismo que los palestinos utilizan. Ya que Hamás se ha jactado de haber echado a la Autoridad Palestina fuera de Gaza (poco importa si es cierto o no), la próxima remesa de ataques con misiles desde allí, con razón o sin ella, liberará de antiguas preocupaciones a Israel por los daños colaterales que pueda ocasionar con su respuesta. Pese a todo lo que se ha dicho sobre la derrota en la guerra de Líbano, son Irán y Siria, no Israel, quienes están metidos en una tarea de reconstrucción de miles de millones para ayudar a sus maltratados peones chiítas en primera línea de fuego.

Después de cuatro años de guerra y resentimientos, las cosas están comenzando a alcanzar un punto de resolución. Tanto los recursos de Estados Unidos como los de sus enemigos están siendo puestos a prueba, pero hasta ahora donde hay disturbios por la gasolina es en el Irán exportador de petróleo, no en Estados Unidos. En los últimos cuatro años, Europa ha gravitado más hacia nuestros puntos de vista que nosotros a los suyos, especialmente en vista de los peligros del islam radical. Israel perdió algo de su precioso capital de disuasión en la anterior guerra, pero el verdadero perdedor en última instancia ha sido un Irán en bancarrota que materialmente perdió mucho más que un Israel mucho más rico. Irán desató el terror en la región, pero descubrió que sus propias credenciales terroristas no lo exceptuaban de la destrucción que ocasionó.

Debido a que la violencia de por sí es lo único que sale en las crónicas de Oriente Próximo y a menudo se las editorializa como derivadas de los errores de Estados Unidos, vivimos en un constante estado de depresión. Pero las cosas no están tan mal como parecen y podrían salir aún muchísimo mejor que lo que cualquiera pueda imaginarse si damos al máximo responsable en Irak de las operaciones militares estadounidenses, el talentoso general David Petraeus, y al embajador americano en Irak, Ryan Crocker, el apoyo y el tiempo que requieren para hacer los cambios militares y diplomáticos necesarios.

©2007 Victor Davis Hanson
* Traducido por Miryam Lindberg

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