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Castro pide auxilio a Esperanza Aguirre

Mi madre vive en Madrid y paga sus impuestos, no muchos, en la capital de España. Resultaría cuando menos grotesco que quien arruinó su vida en Cuba logre ahora sobrevivir gracias a una pequeña parte de su contribución al común de los madrileños.

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Los supuestos y colosales logros de la sanidad castrista no son suficientes para curar al tirano que convirtió Cuba en un inmenso lupanar rodeado de más de doscientas cárceles. Ni siquiera en las farmacias y hospitales "sólo para extranjeros" el Monstruo de Birán encontró los medicamentos y la ciencia que ha pedido a la responsable política española que primero se puso al servicio de sus víctimas. Esperanza Aguirre siempre ayudó a los cubanos. Ahora, y no se lo reprochamos, ayuda a un anciano enfermo después de escuchar el grito de auxilio de los que tratan de prolongarle la muerte.

No lo va a tener fácil el jefe de cirugía del Gregorio Marañón. Muy mal ha de estar su nuevo e importante paciente. Son ya muchas las muchas semanas en las que no nos lo han podido mostrar ni en fotos trucadas ni en vídeos amañados. Probablemente, lo mantengan inconsciente. Quizás no se atrevan a desconectarlo de los artilugios que le mantienen con vida y necesitan que sea "un gallego" el que les confirme que se acabó.

La pasada semana corrió por Madrid el rumor de que había muerto. Cuentan que lo difundió Felipe González. Como tantos otros, todo fue nada. Por lo que parece aún no ha fallecido y quizás la sanidad madrileña consiga lo que no consiguió la castro-comunista. Será cosa de la Navidad. Mi madre vive en Madrid y paga sus impuestos, no muchos, en la capital de España. Resultaría cuando menos grotesco que quien arruinó su vida en Cuba logre ahora sobrevivir gracias a una pequeña parte de su contribución al común de los madrileños.

Ya les digo, será que nos invade el espíritu navideño. En cualquier caso, no puedo desearle acierto al prestigioso cirujano García Sabrido. Se la desearía si ayudase a salvar la vida de muchos de los cien mil presos cubanos que se mueren en prisión. Ellos sí merecen su ayuda. Y ni la tienen ni él se la podrá ofrecer. Su nuevo paciente lo quiere en exclusiva y no le dejará visitarles. Hasta España no llegan sus gritos de auxilio. Sólo escuchamos los de su verdugo. Así nos va.

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