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De las malas compañías

Es lo que tienen los castristas. Sed de sangre y hambre de destrucción. Y le consta a Zapatero. Lo que todavía no sabemos es por qué les teme hasta el extremo de servirles.

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El Gobierno español insiste en simular que confía en lo que le consta falso. Según Moratinos, "en sus contactos con la dictadura cubana, y en particular con el presidente, Raúl Castro, ha constatado 'voluntad de reformas' y de hecho, dijo, éstas ya se están produciendo y el Gobierno español desea 'acompañarlas'". No se puede mentir más con menos palabras. Lo único que acompaña, protagoniza y custodia Zapatero en Cuba es la traición a las víctimas de la barbarie comunista. ¿Por qué una y otra vez vuelven con la misma patraña? Bernardino León –mucho más inteligente que el ministro– tendría que aconsejarle a su jefe un poco más de prudencia. Nadie sabe por qué en el momento en que se le acerca un micrófono corre a defender lo indefendible. Sus socios no se lo pueden dejar más claro. ¿Qué necesidad tiene Moratinos de insistir en que ve lo que no existe?

Sus amigos –puede que algún día entendamos por qué lo son– no cambiarán. Ni respetarán los Derechos Humanos ni permitirán que se les pida que los respeten. No obstante –ya le vale– a juicio de Moratinos en Cuba se han producido "modificaciones sustantivas". Y es cierto. Les consta a los cubanos. Algo ha cambiado en Isla Cárcel gracias a la política del Gobierno español. Se multiplicó la represión y las víctimas se sienten un poco más solas y mucho más débiles. Sus carceleros más acompañados y más protegidos. También hoy, gracias al diálogo y a las esperanzas que el Gobierno español les ofrece, los hermanos Castro han podido comprobar una vez más que mientras vivan siempre encontrarán a una decena de desalmados dispuestos a simular que confían en sus buenas intenciones. De nada nos servirá recordar a Zapatero y a sus ministros que sus socios en Cuba no son más que terroristas de la peor especie.

Confiemos en que al menos los estadounidenses no olviden lo que quería hacer Guevara en Nueva York. Ahí quedan las palabras de un asesino en serie: "Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba, nosotros los habríamos usado contra el propio corazón de los Estados Unidos, incluyendo la ciudad de Nueva York". Es lo que tienen los castristas. Sed de sangre y hambre de destrucción. Y le consta a Zapatero. Lo que todavía no sabemos es por qué les teme hasta el extremo de servirles.

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