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Del terrorismo comunista

Según Moratinos, "el Gobierno no negocia con terroristas ni paga rescates". Él lo sabe. Tendrá que confesarse una vez más. Mejor en La Habana y con un cardenal siempre tolerante con las patrañas de los verdugos y de sus amigos.

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Los comunistas españoles felicitaron a los hermanos Castro por haber superado medio siglo de crímenes y de fracasos. Se agradece su sinceridad. No niegan que están con los que estuvieron siempre. Lástima que Centella y sus compañeros no se empadronen en la capital de Isla Cárcel para disfrutar de los logros de la Robolución que tanto admiran. En cualquier caso, podríamos acusarles de estar al lado de terroristas de la peor especie, nunca, como a Zapatero, de simular lo contrario.

Según el ministro de Asuntos Exteriores, "el Gobierno no negocia con terroristas ni paga rescates". Él lo sabe. Tendrá que confesarse una vez más. Mejor en La Habana y con un cardenal siempre tolerante con las patrañas de los verdugos y de sus amigos. Es más, puede que cuando Moratinos le pida el perdón para sus trolas, Ortega le ponga como ejemplo de sinceridad la del terrorista Ilich Ramírez Sánchez. Lo reconoce este domingo en el diario El País. No se arrepiente de nada.

El liberal Carlos Alberto Montaner –los liberticidas siempre han reconocido a los liberales como sus más peligrosos enemigos– contestó esta semana a la penúltima infamia desde la que se le acusa de trabajar para la CIA y de estar implicado en la muerte de Ignacio Ellacuría. Por favor, fíjense en lo que nos recuerda Montaner:

Previamente, durante años, los voceros castristas habían difundido intensamente dos mentiras en mi contra con el objeto de tratar de desacreditar mis análisis y denuncias sobre la tiranía cubana expresados en artículos, conferencias y libros. Habían difundido mil veces la falsedad de que yo era un agente de la CIA con un turbio pasado terrorista, algo que, además de falso, no dejaba de ser irónico, dado que el terrorismo es una especialidad del gobierno cubano, que no sólo me envió a mi oficina de Madrid y a mi nombre una bomba dentro de un libro titulado "Una muerte muy dulce", sino que, como demuestra la biografía de Carlos Ilich Ramírez, el Chacal había sido entrenado en Cuba junto a numerosos asesinos de misma vertiente política.

A Moratinos le consta que es cierto lo que reseñó Montaner. Puede que Jaime Ortega perdone sus mentiras. Ha perdonado otras peores. Lo que no podrá el ministro de Zapatero es convencer a los cubanos de que no negocia con terroristas. Si insiste en trabajar para los asesinos en serie que entrenaron a Carlos Ilich Ramírez, si se empeña en simular que cree las falsas promesas de los que protegen a los etarras que blanquean sus crímenes en La Habana, si no renuncia a ofrecer sus servicios a los que destrozaron la vida de cientos de miles de españoles, sólo los desalmados que desprecian el sufrimiento ajeno le comprarán la trola de que no negocia con terroristas.

Vamos a ver qué nos cuenta ahora Moratinos. Dicen que Zapatero se ha desautorizado a sí mismo y –por no pagar el coste político que le supondría trabajar más y mejor para los verdugos– renuncia a presionar a la Unión Europea para que cambie la posición común que mantiene frente a la tiranía castrista. En cualquier caso, si se confirmara la marcha atrás del Gobierno de Expaña, mucho más que la reacción de Moratinos no interesaría la de los hermanos Castro. La humillación que ha sufrido Luis Yánez es sólo una pequeña muestra de la respuesta que Zapatero puede esperar de la tiranía castrista. Y no podrá culpar a nadie de lo que él alentó. Nadie le obligó a despertar las esperanzas de los chantajistas que siempre se han burlado de los españoles.

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