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Monsieur Zapatero

¿Es que hay que recordarle a Zapatero que ahora es cuando España tiene varios millones de analfabetos funcionales, esos sí, perfectos prototipos de la factoría LOGSE?

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A los pocos meses de asumir la presidencia de la República Francesa, Nicolás Sarkozy sorprendía al remitir una carta personal a todos los maestros de Francia: Carta a los educadores. Lo sorprendente no era el hecho en sí sino la melodía nueva que sonaba entre sus líneas.

Recordando lo que había sido la educación en la exigente escuela francesa antes de las convulsiones del 68, reconocía:

El saber lo presidía todo. Aquella educación tenía su grandeza. Al ser exigente y rigurosa contenía un impulso hacia arriba; conducía a superarse a pesar de uno mismo. La exigencia y el rigor de aquella educación hacían de ella un factor potente de promoción social.

 Y añadía:

Antiguamente había en la educación, sin duda, demasiada cultura y muy poca naturaleza; actualmente, sin embargo, tal vez haya demasiada naturaleza y muy poca cultura. Antes se valoraba demasiado la transmisión del saber y de los valores; hoy, al contrario, ya no se valora demasiado.

Y continuaba con un diagnóstico demoledor:

La autoridad de los maestros se ha visto destruida. La de los padres e instituciones, también. La cultura común que se transmitía de generación en generación, al tiempo que se enriquecía con la aportación de cada una de ellas, se ha perdido hasta el punto de que resulta más difícil hablarse y comprenderse.

Y las recetas:

Se trata más bien de esforzarse en dar a cada uno el máximo de instrucción que cada uno puede recibir, empujando lo más lejos posible su gusto por aprender, su curiosidad, su largueza de espíritu, su sentido del esfuerzo.

Tenemos la obligación de enseñarles que no todo vale; que toda civilización reposa sobre una jerarquía de valores; que el alumno no es igual al maestro. Tenemos la obligación de enseñarles que nadie vive sin complicaciones y que no puede haber libertad sin normas. ¿Qué clase de educadores seríamos si no enseñamos a nuestros hijos a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal; entre lo que está permitido y lo que está prohibido? ¿Qué clase de educadores seríamos si no pudiéramos sancionar a nuestros hijos cuando cometen un fallo? El niño se afirma diciendo "no"; no se le hace un favor diciéndole siempre "sí". La sensación de impunidad es una catástrofe para el niño, que está probando constantemente los límites que le impone el mundo de los adultos. No se educa a un hijo haciéndole creer que todo está permitido, que sólo tiene derechos y no obligaciones. No se le educa haciéndole creer que la vida es un juego.

La educación debe también inculcar al niño el gusto por el esfuerzo, mostrarle como si fuera una recompensa la alegría de comprender tras el largo trabajo de pensar...

El respeto debiera ser el fundamento de toda educación. Respeto del profesor hacia el alumno; de los padres hacia el niño; del alumno hacia el profesor; del niño hacia sus padres...

Recompensar el mérito; sancionar la falta. Deseo que reconstruyamos una educación del respeto y una escuela del respeto.

La escuela debe permanecer neutral ante las convicciones religiosas, filosóficas o políticas de cada uno, respetándolas todas. Estoy convencido de que no hay que apartar el hecho religioso de la escuela...

Afirmar la importancia de la cultura general en la educación...

Dar el máximo a cada uno en vez de contentarse con dar el mínimo a todos...

Padres, Ustedes son los primeros educadores...

Antes, el maestro, el profesor, tenían un reconocimiento social porque la República se sentía orgullosa de su escuela y de aquellos a los que había confiado esa tarea. El maestro, el profesor, estaba orgulloso de su profesión, orgulloso de servir a la República y a una cierta idea del hombre y del progreso. Debemos volver a ese espíritu...

La evaluación será la norma general y los medios se repartirán en función de los resultados.

Pues bien; en su afán por estar en el top-ten planetario Zapatero ha decidido emular al francés... pero con otra canción. El diario El País publicaba el lunes una Carta abierta a los maestros firmada por el presidente del "Gobierno de España". Aún nos duele la mandíbula de las carcajadas: "contamos con las generaciones mejor preparadas de la historia de España"; "nunca España había tenido tanto potencial de futuro"... Vuelve a colocarnos su estereotipo favorito: "en los años 70 España tenía aún personas analfabetas...; el nacimiento en un lugar u otro podía ser tan determinante como la familia a la hora de planificar una existencia...; los sueños solían ser del tamaño de sus precarias posibilidades...".

¿Es que tenemos que recordar que los Informes PISA certifican que desde los años 70, justamente desde que el Partido Socialista introdujo la malhadada LOGSE, la calidad del sistema no ha hecho más que caer promoción a promoción? ¿Es que hay que recordar que todas las reformas educativas en España, las sucesivas siglas LODE, LOGSE, LOE, no son sino la misma y única "reforma educativa", la única Ley que hemos conocido en 40 años, todas de sello socialista? ¿Es que hay que recordar que justamente fue la amplia política de becas emprendida por Franco la que permitió la generalización de los estudios medios y superiores en la población? ¿Es que hay que recordar que fue en la época de Franco cuando la educación sí era una herramienta de promoción social, cuando con independencia de la extracción social o el nivel cultural familiar, el esfuerzo personal sí permitía lo que la gente común llamaba "abrirse camino"? ¿Es que hay que recordar que sólo desde que los partidos nacionalistas tomaron el poder en algunas partes de España sí es determinante el lugar de nacimiento para planificar una existencia, cuando no es ni posible estudiar en la lengua común del Estado? ¿Es que hay que recordarle que ahora es cuando España tiene varios millones de analfabetos funcionales, esos sí, perfectos prototipos de la factoría LOGSE?

Cuando en 2007 analizamos el Informe PISA de ese año advertíamos de que Zapatero se sacudía la responsabilidad echando la culpa a los padres de los malos resultados; después de esta cartita, que se preparen los maestros: me parece que después de tanta loa, la culpa va a ser suya.

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