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Padres y madres coraje

No sólo es nuestro derecho: es la mayor responsabilidad que tenemos en esta vida. Y no vamos a hacer dejación. Porque no toleraremos que el Estado ni nadie introduzcan en nuestras casas y en nuestros hijos una mentalidad ajena a nuestras convicciones.

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Estamos empezando a oír en los últimos días por parte de los responsables del Ministerio de Educación y de los gurús de la llamada Educación para la Ciudadanía que la educación de los niños es algo "compartido", y que los derechos de los padres no son "absolutos".

Curioso. Como la corriente social –cada vez más numerosa, por cierto– que se opone a la supuesta asignatura apela, entre otras cosas, al detalle sin importancia (nótese la ironía) de que los padres "tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos" (Declaración Universal de los Derechos Humanos), que "no se obligará a nadie a instruirse en unas convicciones contra los deseos de sus padres" (Declaración 36/55 de las Naciones Unidas), que "se respeta el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones" (Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea) o que "los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la educación moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones" (Constitución Española), pues están cambiando de estrategia y de discurso: ya no se centran en tratar de "vender" su contenido, sino que niegan la mayor. Vienen a decirnos ahora: bueno, a lo mejor los contenidos no son aceptables para algunos, pero...os aguantáis; la educación no es exclusiva de la familia, los derechos de los padres no son absolutos, ergo...el Estado va a hablar y tú... a callar.

Pues no, señores. Su nueva estrategia va a ser su tumba. Será que no tienen hijos y no han calibrado lo que unos padres son capaces de hacer por los suyos, por defenderles de los peligros que les puedan amenazar. No han calibrado la fuerza del amor, que es el principio rector de toda verdadera educación.

Y les avisamos: vamos a defender hasta donde haga falta nuestros derechos como padres que somos de nuestros hijos. No sólo es nuestro derecho: es la mayor responsabilidad que tenemos en esta vida. Y no vamos a hacer dejación. Porque no toleraremos que el Estado ni nadie introduzcan en nuestras casas y en nuestros hijos una mentalidad ajena a nuestras convicciones.

Y les decimos: lo que la sociedad demanda es que de una vez por todas sea efectiva en España la libertad de enseñanza, en cuanto a neutralidad real del Estado, en cuanto a libre elección por parte de los padres del centro educativo que más se adecue a sus convicciones, y en cuanto a libertad de creación de centros por parte de la sociedad civil.

Como advirtió Hannah Arendt, " la dominación totalitaria porta los gérmenes de su propia destrucción".Ojalá los responsables de esto lo entiendan y rectifiquen a tiempo.

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