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Ataque contra las tertulias radiofónicas

La radio se ha convertido en una dolorosa espina para aquellos que tienen como objetivo controlar las noticias y el debate como vía para controlar nuestras vidas.

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Los medios de comunicación de toda la vida ya no disponen del monopolio informativo que llegaron a tener. Ahora hay millones de personas que reciben noticias y análisis informativos a través de la radio. El programa de Rush Limbaugh es el más escuchado, al ser emitido por más de 650 emisoras y seguido por alrededor de 20 millones de personas cada semana. Siendo colaborador ocasional de Rush, y también profesor, veo su programa un poco como la clase más grande a la que enseño, pero lo cierto es que también aprendo mucho en él.

A lo largo de cerca de 20 años, Rush ha sido atacado por todas las variedades de la izquierda, como le sucedería a cualquiera adherido incondicionalmente a los principios fundacionales de nuestra nación: propiedad privada, Estado de Derecho y Gobierno limitado. Lo que ha hecho a Rush tan eficaz comunicando este mensaje ha sido su capacidad para explicar las cosas, y plantear preguntas, de una manera que el ciudadano medio puede comprender y con la que puede identificarse, y hacerlo con una pequeña dosis de humor. Es precisamente ese sentido del humor lo que vuelve locos a tantos izquierdistas que quieren que su agenda intervencionista sea tomada en serio.

El programa de Rush, así como los de tantos de sus competidores, ha puesto fin a gran parte del sentimiento de aislamiento que padecían muchos norteamericanos. Por ejemplo, a quien estaba contra la discriminación positiva por motivos de raza, los medios de referencia le hacían sentir como un racista. Con el ascenso de las tertulias radiofónicas, mucha gente descubrió que no estaba sola y que estar en contra de las cuotas no los convertía en racistas. De esta manera, la radio se ha convertido en una dolorosa espina para aquellos que tienen como objetivo controlar las noticias y el debate como vía para controlar nuestras vidas. Este es el motivo de que atacar las tertulias radiofónicas sea un punto importante del programa de muchos izquierdistas y de que tengan en el punto de mira a Rush Limbaugh.

El último ataque de la izquierda alega que Rush calificó a los militares que discrepan con nuestra política en Oriente Medio como " falsos soldados" Lo cierto es que Rush se refería a personas concretas como Jesse Macbeth, que se convirtió en el símbolo del movimiento pacifista y anti-militar. Macbeth se hizo pasar por Ranger del ejército y aseguró haber sido condecorado con un Corazón Púrpura. Aseguró haber participado en grotescos crímenes de guerra junto a otros soldados norteamericanos en Irak y Afganistán. Una investigación demostró que ninguna de sus declaraciones era cierta. Ni era Ranger ni fue condecorado ni sirvió en Irak ni en Afganistán. De hecho, fue expulsado del ejército tras 44 días de instrucción.

El pasado mes de septiembre, Macbeth fue condenado a cinco meses de prisión y tres años de libertad condicional por falsificar una instancia del Departamento de Asuntos del Veterano y su acta de baja del ejército. Macbeth, idolatrado por el movimiento pacifista, es verdaderamente una persona despreciable. En un vídeo traducido al árabe para su consumo en Oriente Medio dijo: "Quemábamos sus cadáveres. (...) Colgamos sus cadáveres del techo de la mezquita."

Asegurar falsamente que uno ha sido militar se ha convertido en algo tan extendido que el Congreso tuvo que aprobar la Ley del Valor Robado en 2005 para procesar a las personas que se hacen pasar por veteranos. De hecho, un reportaje de Charles Gibson del 29 de septiembre para ABC News dejó al descubierto a varias personas como Macbeth, a las que llamaba "falsos héroes de guerra".

Los congresistas que atacan a Limbaugh saben todo esto, pero confían en que el norteamericano medio no, para así poder hacerse los escandalizados. Atacando a Limbaugh esperan insuflar cierta vida a la Doctrina de la Imparcialidad, que fue derogada mediante votación unánime por la Comisión Federal de Comunicaciones en 1987. La doctrina, afirmaba la FCC, “restringe la libertad periodística de los locutores y en la práctica inhibe la presentación de materias controvertidas de importancia pública en detrimento de la audiencia y degrada la prerrogativa editorial de los periodistas que trabajan en la radio". El senador demócrata Harry Reid es quien encabeza la carga de la interpretación deliberadamente equivocada del comentario de los falsos soldados de Limbaugh. Ya escribiré sobre él... y sobre otros 500 colegas suyos.

© Creators Syndicate, inc.

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