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Castro debió ir a Atenas

Si descubren a alguna de sus estrellas dopado con cocaína ya se encargará de echarle la culpa al imperialismo y al "Té del Perú".

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El deporte para el gobernante cubano coincide plenamente con el concepto que tiene el escritor español Francisco Umbral: "El deporte es una estilización de la guerra".  Esa "guerra" que hace Fidel Castro cada vez que hay una competición internacional la lleva consciente y solo llega a importarle sus resultados. Si descubren a alguna de sus estrellas dopado con cocaína ya se encargará de echarle la culpa al imperialismo y al "Té del Perú". Algo similar pasó con el cubano Javier Sotomayor, quien dio positivo en un control antidopaje durante los juegos Panamericanos de Winnipeg y se le retiró el oro ganado en salto de altura. La FIAA (Federación Internacional de Atletismo Amateur) aunque exigió que se le aplicara en su propio país la sanción correspondiente se encontró con que el apoyo al deportista venía desde el propio gobierno cubano.
 
La obsesión de Castro de politizar todo, lo lleva a dar pasos en falso que le hacen ponerse en ridículo. Algo parecido le pasó cuando solicitó visa a Grecia para asistir a los juegos olímpicos de Atenas, solicitud lógicamente rechazada por estar en vigor las sanciones europeas a su dictadura.
 
La particular venganza por el desplante griego (europeo más bien) no tardaría en llegar. En la villa de deportistas donde se aloja la delegación cubana se han colgado inmensas fotografías del Che Guevara y de él mismo. Actitud que las autoridades del COI han insistido deben rectificar, alegando que en la Villa Olímpica no puede haber ningún tipo de manifestación política. Pero lo que pretende la delegación cubana es llamar la atención lo más que puedan. Hasta el momento han hecho caso omiso a la exigencia del Comité Olímpico Internacional.
 
Pero el régimen cubano no solo se queda en la indisciplina. También osan burlarse de la delegación norteamericana al atestiguar que los norteamericanos "Viven una obsesión del miedo. Incluso les han prohibido a los atletas portar o mostrar banderitas norteamericanas para que no sean identificados". Es indudable que los deportistas cubanos se sienten más seguros identificando sus edificios con un retrato de personajes como el Che o Castro, eso constituye como una especie de salvoconducto en caso de un atentado terrorista.
 
Los norteamericanos parece han cometido un error en no haberle sugerido a los europeos que se hicieran los de la "vista gorda" y le concedieran el visado a Fidel Castro. Si Fidel hubiese asistido la consecuencia inmediata hubiese sido un "blindaje ideológico" que protegería cualquier delegación amenazada mientras más cerca del "líder" cubano estuviese. Se hubiera ahorrado mucho en seguridad aunque Castro aprovecharía para fabricarse un baño de "multitudes" a su medida. El coste no sería ni ideológico, nadie cree en Castro. Solo se habría convertido un evento deportivo en una especie de circo internacional donde todos los deportistas y visitantes hubiesen contemplado –seguramente, por última vez- al "Gladiator" del "Imperio de Bush" como le gusta que le llamen.

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