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“Andará Nicaragua..."

Pues, ahora sí que se partió en Nicaragua otro "hierro caliente", conozco del arrojo de los nicas, y ellos sí que no soltarán prenda.

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¿Recuerdan aquella canción de la que se sirvió el cantautor Silvio Rodríguez para vender discos a montones, a los latinoamericanos y a los tontos europeos, claro, allá por los ochenta, cuando los Castro consiguieron entrometerse en Nicaragua y ponerla en manos de los castrocomunistas? No, seguramente no la recuerdan, yo tampoco la recordaba, me la evocó de manera muy graciosa por Twitter –a raíz de las recientes manifestaciones de los estudiantes y del pueblo nicaragüenses en las calles de ese país centroamericano– mi buena amiga Isadora Villar, cuando la citó a contrapartida del sentido que le dio su autor: "Se partió en Nicaragua, otro hierro caliente". Y sí, tiene razón, ahora sí que se partió en Nicaragua el hierro caliente de la verdad y de la libertad, y en contra del águila criminal del castrofachocomunismo.

Desde finales de los setenta, Nicaragua vivió una de sus peores pesadillas, la de salir de una supuesta dictadura para entrar en otra más siniestra y mucho más perdurable. La tiranía del castrocomunismo conseguía entonces y guerra inducida mediante su primera joya en la región. Los armamentos volaban desde la isla, dentro de las latas de películas, desde el Icaic hasta Incine, así armaron los Castro a unos pedófilos y secuestradores disfrazados de sandinistas liberadores. Además con la complicidad de cineastas y escritores, todo sea dicho.

No era la gran mayoría un ejército de pedófilos y secuestradores (al menos en aquel momento), pero los que quedaron, después de la estampida de los que se percataron del engaño, sí lo fueron y lo siguen siendo. Yo misma fui una de esas víctimas de los frecuentes secuestros de cubanas de Tomás Borge, uno de los nueve comandantes de la revolución nica, y ministro del Interior en la época. Curiosamente, muy pocos se han hecho eco de mi testimonio, pese al auge de las denuncias de violadores y acosadores tan a la onda en estos últimos meses.

Como tampoco la prensa se hizo demasiado eco cuando la hijastra de Daniel Ortega, Zoilamérica Narváez Murillo, denunció las continuas y horrorosas violaciones de su padrastro Daniel Ortega, al parecer bajo la complicidad de su madre, la bruja Rosario Murillo.

Y bien, estos monstruos siguieron mandando, dominando en aquel país, donde acaba de explotar una revuelta popular, de estudiantes, obreros y del campesinado, que se ha saldado con una cincuentena de muertos. Es necesario aclarar que esas revueltas empezaron por la demanda, por parte del pueblo, de no aceptación de la modificación, por parte del régimen, de una Ley de Pensiones que a la larga no puede dejar de modificarse, incluso si el bicho de Ortega ha anunciado que oirá a la población y dejará la norma tal como estaba. No, la ley en cuestión no podrá volver a ser lo que era, porque su modificación no tiene vuelta atrás, mediante otra ley o cláusula impuesta por el dictador. Es lo que entendí de la explicación que dieron el otro día unos nicas exiliados en el programa de debate de Karen Caballero y Alejandro Marcano en Radio y TV Martí.

Estos exiliados, firmes opositores, al contrario de la gran mayoría de los exiliados cubanos y de los venezolanos, exigen que el pueblo continúe en las calles, cueste lo que cueste, y que Estados Unidos, ese gran país protector y salvador de la región y de otras regiones, tome cartas en el asunto, como debe ser.

Pues, ahora sí que se partió en Nicaragua otro "hierro caliente", conozco del arrojo de los nicas, y ellos sí que no soltarán prenda. Entonces, siguiendo siempre el ritmo de la canción del bandido de Silvio, que no será capaz de escribir otra "carta urgente", ahora que tanta falta hace, "andará Nicaragua, su camino a la gloria", a la democracia y a la libertad. Aunque saben ustedes lo que pienso: que estos países sólo se podrán liberar cuando Estados Unidos acabe de meter mano de una vez en Cagonia, ex Cuba, que es la que está en el origen de todos los desastres de América Latina, y del mundo.

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