Menú

Los que conocemos ese tipo de jerga hasta la hartura, porque la hemos vivido y padecido, sabemos que no hay nada más parecido a una "nueva normalidad" que una tiranía.

Zoé Valdés
0

El fatuo Sánchez y su Gobierno de miriñaque han especificado cuatro fases o etapas para la desescalada del confinamiento en España. Cuatro fases lentas y más o menos copiadas, digamos que imitadas, de las que destacó con anterioridad el primer ministro francés, Edouard Philippe. La misma estrategia de descuarejingue sin sentido y sin coordinación científica que sólo sabemos que conducirá a cualquier cosa menos a una normalidad segura respaldada por los experimentados, sino a eso que el mismo Sánchez ha llamado "nueva normalidad".

Los que conocemos ese tipo de jerga hasta la hartura, porque la hemos vivido y padecido, sabemos que no hay nada más parecido a una "nueva normalidad" que una tiranía. Por ese camino conduce Sánchez a España, dirigido por su vicepresidente: el ñangareta comandante infractor Pablo Iglesias.

Por cierto, una pausa: ¿dónde estará metida Carmen Calvo? De la vicepresidenta primera no hay noticias ni en los centros espirituales.

Sigamos. Todo este desastre provocado por el Gobierno sanchista, que usa una de las mayores tragedias mundiales para desfondar el país y convertirlo en una Cuba o en una Venezuela, lo que se veía venir desde los tiempos en que Felipe González por órdenes de Fidel Castro exigía a la editorial que publicó Mea Cuba de Guillermo Cabrera Infante (antes censurado por los castristas y los franquistas) que no permitieran de ninguna manera una segunda reedición de la obra, así se vendiera a puñados.

Algunos llevamos pronosticándolo hasta el cansancio. Pero la oposición española se nos reía en la cara, no nos creyeron entonces ni nos creen ahora. De tanto tender la mano templada hacia el horror, se les petrificarán los dedos, y de ahí el seso.

Si el Gobierno de Sánchez intenta amordazar a los ciudadanos españoles mediante el férreo control de la prensa primero y luego desde el Poder Judicial, usando la plaga para lograrlo, la oposición debiera actuar de una vez por todas y entonces pasar con toda urgencia a la Fase 5. La que correspondería a sacar a toda esta pandemia de comunistas del poder. Eso sería lo primero, pero llamémosla Fase 5.

La otra acción que debiera plantear de modo inmediato la oposición es la unión en una dirección de los que mayormente han sufrido esta plaga: sobrevivientes, familiares de fallecidos, personal médico… Todos unidos en el intento de llevar a los tribunales y juzgar al Gobierno en pleno por abandono en momentos de altísima peligrosidad y riesgo de la población; por el oportunismo de usar la plaga a favor de sus intereses propios y de un golpe de Estado en las entidades e instituciones democráticas; y por genocidio.

Por último. A numerosos ciudadanos nos ha molestado la forma de presentarse de esta gente en discursos y ruedas de prensa y medios televisivos, indumentarias estrafalarias usadas desde el presidente hasta las ministras y ministros, haciendo caso omiso de un luto más que necesario, obligado: corbatas de cualquier colorín, ropajes de las damas entre rojos y verdes, chillones, creyón labial intenso, peluquería cuidada, como tintes, etcétera. El espanto no puede ser peor, un sinfín de cotorreros faltos de respeto y por supuesto malintencionados.

Cuando muere un socialista, organizan un luto nacional; sin embargo, fallecen ya a estas alturas casi 30.000 personas, sin contar los infectados y agravados en las últimas horas, y ni siquiera respetan el dolor de todo un pueblo, ni el de la humanidad entera.

Aunque archiconocida es la honda insensibilidad de la que son capaces estos personajillos formateados bajo la extrema arrogancia de un plagio, el descaro de un fraude, así como la influencia en ellos de los peores y deshonestos regímenes y su intensa sed de totalitarismo. No se les puede pedir que sean lo que no son ni serán nunca, el olmo jamás dará peras.

En España

    0
    comentarios

    Servicios