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El papa mentiroso

No fue a resolver ningún problema a Cuba. Ni siquiera el del embargo. Fue a hablar, y a hablar boberías, como cualquier politiquero 'letrinoamericano'.

EFE

Hasta los medios de comunicación se han hecho eco del comportamiento del papa Francisco en Cuba, todos por igual señalan que sus discursos no tuvieron nada de extraordinario, no se refirió a la libertad y a la democracia, no le dio la gana de ver a la disidencia, y alegó más tarde que él no había ido a Cuba a dar audiencias. Pues sí que las dio, y nada más y nada menos que al demonio, a Fidel Castro. Y muy contento que se le notaba. Tampoco se enteró o no quiso enterarse de las detenciones de cinco disidentes en plena Plaza de la Revolución, antigua Plaza Cívica.

El Papa miente, además de papelasero, miente descaradamente. No fue a resolver ningún problema a Cuba. Ni siquiera el del embargo. Fue a hablar, y a hablar boberías, como cualquier politiquero letrinoamericano. No estuvo a la altura de su cargo, y mucho menos representó a Dios, a la iglesia tal vez sí.

Confieso mi decepción, al principio creí que este papa iría a hacer algo por los cubanos, pero ya veo que, como los anteriores, o peor que ellos, lo único que sabe hacer es pavonearse con su bata impecablemente blanca, en medio del horror.

¿Reconocer a los presos políticos cubanos? Ni pensarlo. ¿Mencionar a los fusilados durante más de cincuenta años de castrismo? Ni soñarlo.

Estuvo muy feliz de recibir regalos de las manos de los dos dictadores. Especialmente el que le hizo Raúl Castro: una escultura de Kcho que representaba un Cristo crucificado en una cruz construida con remos. Kcho, el artista del régimen, ha aclarado en varias ocasiones que esos remos simbolizan a la emigración que llega a las costas italianas, y no a los balseros cubanos. Faltaría más. Lo que es una verdadera falta de respeto a tantas víctimas que perdieron sus vidas en aras de la libertad en el Estrecho de la Florida, devorados por tiburones o ahogados.

Pues el Papa aceptó este regalo y no dijo esta boca es mía. Agradeció incluso esta mentira en forma de cruz, como hizo cuando Evo Morales le entregó una cruz claveteada encima de una hoz y un martillo.

El papa Francisco ha sido cómplice de la mentira, una vez más. De tanto repetir el gesto, va a ser que forme parte de ella. Que sea tan mentiroso como sus anfitriones. Lo que trajo el barco.

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