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Zoé Valdés

No dar chance

Los españoles que quieren seguir viviendo en una España libre no pueden darle el más mínimo chance a los tipejos seguidores de los Castro, a los adeptos del castro-comunismo.

Zoé Valdés
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Los españoles que quieren seguir viviendo en una España libre no pueden darle el más mínimo chance a los tipejos seguidores de los Castro, a los adeptos del castro-comunismo.
Gerardo Pisarello I Wikipedia

En Cuba todo se fue a bolina como el más averiado de los papalotes en 1959 porque el personaje que han descrito siempre como 'el malo malísimo de la película', Fulgencio Batista y Zaldívar, fue tan soberanamente amable que le dio el chance a Fidel Castro de montársele encima. O sea, le cedió la oportunidad de apoderarse del país en sus mismas narices y con el apoyo de la prensa y del mismísimo Gobierno norteamericanos.

Fidel Castro le atacó a balazo limpio un cuartel militar donde sólo quedaba un hospital en el que sanaban enfermos, y Batista –ese que siempre han llamado dictador– no sólo no lo fusiló, tampoco lo encerró veinte años en una celda tapiada (como hicieron y hacen él y su hermano con los opositores), mucho menos lo desapareció en la polvorienta nada, como después hicieron con él.

Castro y sus compinches, entre ellos su criminal hermano, fueron liberados a exigencia de su madre, Lina Ruz, que le suplicó a Batista que lo hiciera, pues la mujer era muy buena amiga del presidente desde los tiempos de Banes.

Su liberación ocurrió después de un año. Entre tanto, Batista los mantuvo en una especie de hotel cinco estrellas. Donde el jovenzuelo majadero y sus compañeros pasaban horas leyendo literatura francesa, consultando material ideológico comunista, estudiando y acotando Mi Lucha de un tal Adolf Hitler, fumando tabacos de calidad y comiendo opíparamente hasta ¡langostas! Así describió, mediante cartas, su vida en la prisión batistiana a la querida chouchoutte de entonces, la brujera: Celia Sánchez Manduley.

De ahí a hacer la revolución fue coser y cantar. Pero, todo sea dicho y reiterado: Batista le dio el chance. Craso e irreparable error.

Los españoles que quieren seguir viviendo en una España libre no pueden darle el más mínimo chance a los tipejos seguidores de los Castro, a los adeptos del castro-comunismo.

Dejarles espacio y chance como los que le acaban de dar a Gerardo Pisarello Prados, de Unidas Podemos, es ir directo al hundimiento. Chance que ni él mismo quizás esperaba; a este argentino odiador (valga la redundancia), que ha mostrado su odio a España rompiendo la bandera de nuestro país. Que a la hora de jurar como diputado del Congreso provoca sin ningún tipo de miramientos, echando mano a las figuras históricas del comunismo. Permitirles es ir derechito y sin escala a los destinos más temibles, como el de Cuba, Nicaragua, Venezuela. Es lanzarse al abismo y aplaudiendo. Es entregar el país a los Castro, Chávez, Ortega, y Maduro, de turno.

La derecha española debe evitar por todos los medios que estos sucesos vuelvan a repetirse. Observen los rumbos tomados por los países anteriormente enumerados, y a lo que han llegado, a niveles perturbadores de miseria y de olvido. Y siempre ha sucedido debido a los complejos de inferioridad de la derecha, a los miedos de que la acusen de lo que ni siquiera ha hecho, hace ni hará.

Créanme, todo sucede de un golpe, se pierde absolutamente todo en un pestañear. Estos fanáticos personajes se han preparado con tiempo, se han trazado un plan: el de la destrucción absoluta de la prosperidad y la felicidad, de la alegría y la paz.

La derecha debe dejar sus mamarrachadas y rencillas a un lado, debe pensar y actuar por España y por su futuro. Trabajar siempre para la libertad y los rumbos plenos de posibilidades de esas generaciones que, sin duda alguna, se lo agradecerán.

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