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No puede haber discurso más repulsivo, totalitario y mezquino que el de acusar a un sexo mediante falsedades.

Zoé Valdés
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No puede haber discurso más repulsivo, totalitario y mezquino que el de acusar a un sexo mediante falsedades.
Mónica García. | EFE

Estaba buscando la palabra exacta para denominar a Mónica García, la representante de Más Madrid en el debate que he visto por TeleMadrid. 

Juro que no encontraba ni a trancas ni a barrancas cómo definirla, se me escapaba el adjetivo, pues no deseaba caer en el facilismo. La palabra me la ha dado Mario Noya en su Twitter: “Sujeta”. Es lo que es, una sujeta a todo lo más cursi que existe en política. “Sujeta” también a toda la morguería de moda desgajada de ese socialismo moribundo en plan reanimación. No extrañe que sea una sanitaria cuya especialidad es precisamente la reanimación la que corra a socorrerlo, a intentar salvarlo; sin embargo, ni por arribita cumplió lo mínimo de la tarea ordenada, más bien le apagó el aparataje de urgencias para que acabara de boquear.

Momento cumbre de su pésima intervención cuando, tan segura de ella y de su atribulada alineación izquierdosa, apuntó que los que matan, violan y asesinan son “los hombres”; y sin que se le moviera un pelo se quedó tan pancha, continuó como si tuviera toda la verdad en la boca llena de piruetas generalizadoras. 

No puede haber discurso más repulsivo, totalitario y mezquino que el de acusar a un sexo mediante falsedades, dado que las cifras muestran en muchísimos sitios lo contrario. Sin embargo, debo también añadir que ahí perdieron prenda sus rivales, porque era el momento de pedirle que aclarara si cuando hablaba de los hombres se refería también a esos menas que violan a mujeres jóvenes e indefensas en las calles españolas. 

Dio grima la intranquilidad de esta señora a la hora de manifestar sus opiniones, como si tuviera un alka-seltzer trabado en alguna parte aguada de su cuerpo: buscaba la aprobación del señor del PSOE, el del en modo ralentí, tipo Matrix, anhelaba la concordancia con el del moño enlacado. Sujeta, sí, es lo que es, a los dos viriles ideológicos de su entorno; plena de bajeza, en una frase. Sin ninguna presencia de lenguaje político, abultada de estereotipos y de consignas ecológicas sin fondo humano. Esta gente que habla de lo verde y del planeta sin contemplar a los humanos dentro del planeta, viéndonos como enemigos ajenos y no como creadores también de naturaleza, ¿de qué parte se creen que son, de qué ovni se bajaron, qué droga les habita?

Al final, en su resumen, esta sujeta se dirigió a sus hijos. O sea, atención con lo que nos quiso advertir, cuidado, que ella es la madre de todos los madrileños, es lo que quiso decir… Como a Fidel Castro nos lo endilgaron como el padre de todos los cubanos… Ella, la madre plenipotenciaria, la que predice y dicta, porque como nadie aborda y borda el tema político desde la emoción, el sentimiento, la maternidad, el feminismo, y el apocalipsis ecológico antimachista, desde los ovarios, el vientre, la cosificación, en fin, y el poder de la mujer frente al del hombre-semental. Cuánto aburrimiento, por favor…

En ese resumen, creí oír que esta señora tiene un hijo, o dos, no recuerdo, ¿a ellos también se dirigió? ¿Ese discursito de que todos los hombres son violadores, asesinos y matan, también se lo hace a los varones paridos por su vulva? ¿O a ellos les pretende convertir en niñas –ideología mediante–, para que no acometan en un momento lo que ella, la mujer y no la madre en este caso, ha predestinado para un determinado sexo de nacimiento?

Debo añadir que, si bien quedó claro, y no tengo que dibujarlo en un papel, quiénes ganaron este debate: Ayuso y Monasterio, tener que aguantar que algunos analistas –la mayoría– dictaminaran que esta sujeta de tan poco o ningún nervio político, sin ideas concretas para solucionar problemas reales, y con un nivel de afeamiento de la expresión, ha estado entre las ganadoras junto con Ayuso sólo me lo explico mediante el argumento de que esos analistas estarán deseando bajarle el nivel a Ayuso, lo que a las claras y a estas alturas de cualquier debate resulta imposible.

Eso sí, quede claro que el que semejante sujeta sea siquiera perfilada para tomar el mando en la Comunidad de Madrid da como mínimo dentera. El problema de su tan actuado feminismo es lo machista que a la larga resulta en su excentricidad totalitaria, y en la perversidad ideologizante de cualquier tema que toca con la yema, no del dedo, sino de su izquierdismo trasnochado. Yema en cubano también quiere decir “pedo”.

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