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Congelación e hipotermia

 

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El calentamiento global que pronostica Al Gore no parece haber evitado que el frío invada con temperaturas bajo cero muchas ciudades que hacía años que no las padecían. Recuerdo la Navidad en Madrid cuando era pequeño. A la vuelta de las vacaciones, en el colegio teníamos que romper con las botas el hielo del patio para poder jugar al fútbol. Hacía mucho frío en la capital.

Pero, ¿cuáles son los peligros de estas bajas temperaturas? Principalmente podemos hablar de dos, la hipotermia y la congelación. La hipotermia suele afectar, en ciudades y pueblos, a personas que no tienen cobijo y se encuentran en la calle, donde su temperatura corporal desciende de los 35 grados. Esta patología se puede clasificar en tres grupos. La hipotermia leve, moderada y grave.

En la hipotermia leve, la temperatura del cuerpo se sitúa entre los 33 y los 35 grados centígrados. Las personas afectadas presentan temblores, les cuesta moverse y pierden ligeramente la noción de dónde se encuentran.

Cuando es moderada, la temperatura del cuerpo baja hasta los 30-33 grados y los afectados llegan a perder la conciencia. Si el cuerpo baja de los 30 grados, hablamos de hipotermia grave. Además de los datos clínicos anteriormente descritos observamos dilatación de la pupila, hipotensos y pérdida de tonos cardiacos.

Como podemos ver, se trata de una patología grave cuyo tratamiento requiere una inmediata hospitalización y más concretamente en Unidades de Cuidados Intensivos. Estos pacientes requieren una rápida monitorización. Por estas razones, en caso de que encontremos a alguien por la ciudad en algún banco o en el suelo que pueda presentar estos síntomas, debemos llamar inmediatamente a los servicios sanitarios. Es aconsejable no tratar de moverlos, podríamos perjudicarles.

En cuanto a la congelación, consiste en un descenso de la temperatura ambiental que es bien tolerada por el organismo humano. No produce hipotermia pero afecta a manos, nariz, orejas y pies. Esta patología es más habitual en las personas que practican deportes de montaña como el esquí o el montañismo.

En el proceso de congelación, el frío intenso penetra en las células de las manos, los pies, la nariz y las orejas formando cristales que destruyen las propias células y producen una necrosis extensa. Este proceso recibió el nombre de “pie de trinchera” cuando los soldados, durante la guerra, sufrían la congelación de los pies.

La congelación se divide, como las quemaduras, en tres grados. En el primero, se observa palidez en el miembro afectado y pérdida de sensibilidad. En el segundo, comienzan a formarse ampollas y aparecen infecciones. El tercer grado es caracterizado por la aparición de la necrosis.

Para evitar la congelación es aconsejable beber agua, no fumar, utilizar los equipos adecuados para la exposición a bajas temperaturas y llevar encima un teléfono móvil. Además, si encontramos un caso de congelación, como en el de hipotermia, debemos avisar cuanto antes a los servicios médicos para su asistencia y traslado, mientras llegan no debemos frotar con nieve ni dar masajes al afectado.

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