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Buckingham revisará la compatibilidad entre lo privado y lo público en la Familia Real

El palacio de Buckingham revisará la compatibilidad entre los intereses personales de los miembros de la Familia Real y sus funciones oficiales tras el escándalo protagonizado Sophie Rhys-Jones, esposa del príncipe Eduardo, a causa de unos controvertidos comentarios sobre algunos políticos y miembros de la Familia Real.

La polémica ha vuelto a plantear el papel de la monarquía británica. Aunque el primer ministro, Tony blair, ha expresado su pleno apoyo a la monarquía, algunos diputados laboristas quieren que se revise el futuro de la Familia Real.

El diputado Tony Wright dijo que, al igual que Blair apoya la modernización de muchas instituciones del país, debería también tener en cuenta profundos cambios en la monarquía británica. Otro diputado laborista, Jeremy Corbyn, fue más allá y dijo que ha llegado la hora de tener un Jefe de Estado elegido por el pueblo. "Cuando la actual Reina complete su reinado -dijo-, ¿no sería el momento de decir que hasta aquí hemos llegado y tener un Jefe de Estado que sea elegido por el Parlamento o por votación del pueblo?".

El rotativo "News of the World" publicó el domingo pasado la transcripción completa del indiscreto diálogo que tuvo Sophie Rhys Jones con un periodista que se hizo pasar por un jeque árabe interesado en contratar sus servicios de relaciones públicas.

Una vez establecidas las nuevas directrices éstas serán obligatorias para todos los miembros de la Familia Real que tengan un empleo privado para evitar que se utilicen los vínculos con la monarquía para obtener beneficios económicos.

La condesa de Wessex, de 36 años, se vio obligada a dimitir el domingo como presidenta de su firma de relaciones públicas "R-JH", mientras que su socio, Murray Harkin, presentó también su renuncia. La prensa acusaba a Sophie de aprovechar su posición de privilegio para obtener contratos lucrativos, lo mismo que el príncipe Eduardo, quien ha sido criticado por aprovechar sus contactos para conseguir importantes acuerdos para su compañía de producción televisiva "Ardent".

A las declaraciones de la condesa, que dijo que Blair era muy presidencialista y que el príncipe Carlos y Camilla Parker-Bowles son los primeros en la lista de las parejas más impopulares, se unen las de Murria Harkin, que admitió al falso jeque que le gustaba de vez en cuando una raya de cocaína y que podía organizar fiestas gay para sus clientes.
Murria también cuestionó la sexualidad del príncipe Eduardo y llegó a decir, sobre los rumores de que es homosexual, que “no hay humo, sino fuego”.

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