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Juan Luis Cebrián firma la hagiografía de Felipe González en el diccionario de la RAH

Mientras su periódico acusa a la RAH de falta de objetividad en la biografía de Franco, Cebrián firma un panegírico dedicado a su amigo Felipe González.

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El País ha arremetido con dureza contra la Real Academia de la Historia por las entradas dedicadas en su Diccionario Biográfico a Franco y algunos personajes del bando republicano en la Guerra Civil. El diario de Prisa fundamenta sus críticas en una supuesta falta de objetividad de los académicos.

Pero su consejero delegado, Juan Luis Cebrián, no predica con el ejemplo precisamente. En ese mismo diccionario firma una hagiografía de Felipe González, de quien es amigo personal y a quien su grupo de comunicación debe enormes favores.

El tono del texto dista mucho de la objetividad exigida en otros casos: un hombre de un "carisma inigualable" para atraer el interés del público "que desde muy temprano se acostumbró a llamarle familiarmente por su nombre de pila". "Llevó a cabo una política de modernización del país que contribuyó a normalizar y consolidar la democracia y a instalar a España en el concierto de las naciones industrializadas", para lo que se rodeó de un "equipo de solventes economistas".

Cebrián no escatima elogios: "Donde más brilló y brilla su presencia internacional es en América Latina, en donde la figura de González, junto con la del rey Juan Carlos, sigue siendo considerada como el símbolo más significativo de la transición política española y de la modernización del país. Su voz es escuchada y sus indicaciones tenidas en cuenta no sólo por los políticos, sino por los intelectuales y hombres de negocios".

Aunque sí menciona los escándalos de corrupción y los GAL, el sesgo con que lo hace no puede ser más evidente: "Pero los denodados esfuerzos del Partido Popular y sus cómplices mediáticos por sentar en el banquillo a Felipe González y demostrar o, cuando menos, difundir una amplia sospecha acerca de su responsabilidad personal en los hechos, fracasaron rotundamente".

La visión que ofrece de la caída de González está más teñida, si cabe, de sectarismo: "El crecimiento económico facilitó un enriquecimiento rápido de muchos sectores y originó movimientos especulativos y corruptelas que terminaron por salpicar la imagen del partido en el gobierno". Y en 1991, la oposición "encabezada por José María Aznar había constituido una especie de coalición mediática, irritada por la política felipista y que se dedicaban a denunciar toda clase de corrupciones, reales o imaginarias, en un esfuerzo inequívoco por desalojar a los socialistas del poder".

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