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El "genocidio perroflauta" de Pérez Reverte

Arturo Pérez Reverte ha escrito uno de sus demoledores y contundentes artículos dedicado, en esta ocasión, a un grupo de ‘okupas’ en Madrid.

LIBERTAD DIGITAL
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Un grupo de ’okupas’ entró "mediante el procedimiento tradicional de patada a la puerta y de aquí no me saca ni Kristo bendito" en una casa del Barrio de las Letras de Madrid en la que vivió Góngora. El hecho, y lo ocurrido posteriormente, sirven a Arturo Pérez Reverte para otro de sus demoledores artículos recién publicado en el suplemento XL Semanal y que el escritor ha reproducido en su propia web.

En él, no deja títere con cabeza, empezando por criticar el lamentable estado de ese Barrio de las Letras "hubiera estado en Londres o París, todo el lugar sería hoy un inmenso museo al aire libre cuajado de bibliotecas, placas conmemorativas, monumentos y autobuses con turistas".

Cuenta Pérez Reverte que los 'okupas' se instalaron seguros de que "en España, líder mundial en libertades y derechos del hombre y la mujer, si te metes por el morro en una casa ajena, es seguro que entre el hecho, la demanda del propietario, la decisión judicial y la ejecución de la sentencia de desalojo, si llega a producirse (...) pueden transcurrir veinte años. O más".

Sin embargo, en esta ocasión el propietario "desesperado, impaciente, y si rascamos un poco seguro que fascista, racista, machista, violento, homófobo y misógino -etiquetas que en España suelen atribuirse en bloque a cualquiera que no se baje los calzones y ofrezca el ojete sin rechistar-" en lugar de recurrir al eterno cauce judicial recurrió a "cuatro individuos fornidos" que "tiraron la puerta, cogieron a los okupas en brazos y los sacaron a la calle".

Un acto que el creador del el capitán Alatriste no duda en calificar con sarcasmo "de terrorismo urbano. Incluso de genocidio perroflauta".

A partir de ahí llegó lo más sorprendente, según el escritor los desahuciados "pidieron apoyo a través de las redes sociales, y al poco se congregaron tres docenas de presuntos representantes del 15-M exigiendo reparación aún más indignados si cabe".

Reverte también llama la atención sobre el tratamiento periodístico dispensado a los hechos "algunos periodistas parecían compartir su asombro [de los okupas] y justa indignación" y termina su artículo, con una irónica ciertamente ácida, reclamando que "la policía abandone esa vergonzosa pasividad que me atrevo a calificar de filonazi y proteja de propietarios y otros energúmenos a quienes debe proteger. Que para eso cobra, la muy perra".

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