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Pedro J. asustado con Rajoy mientras 'La Gaceta' se lía a palos con el "nefasto" Fraga

La prensa se hace eco de lo bien que se llevan Rajoy y Sarkozy y se amplía el plazo para que los más lentos puedan llorar –o no- a Fraga.

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El Mundo atiza hoy a Rajoy porque ahora "se apunta a la tasa sobre transacciones que pide Sarkozy" cuando "hace un año Montoro la calificó de ‘retórica inútil e inaplicable'". Pedro J. está que fuma en pipa. "Un presidente que está dejando de ser previsible", titula su editorial. "Lo sorprendente es que el presidente del Gobierno dé otro bandazo y abrace la 'salida social de la crisis'" que pregonaba Zapatero. "Es lógico que muchos ciudadanos que votaron al PP el 20-N se pregunten a estas alturas si para este viaje se necesitaban alforjas". ¿Será una autopregunta? Pedro J. flipa con que Rajoy se sobrara ayer con la subida del IVA soltando un "desconcertante" ‘nada es para siempre’ "que lo sitúa de nuevo en la incertidumbre". "Su previsibilidad es imprevisible", constata consternado. Le recuerda eso que dijo de que sabía lo que tenía que hacer. "Mantenemos el obligado margen de confianza pero su conducta incita a que empecemos a dudarlo". Mala cosa.

En el capítulo de adioses a Fraga, Raúl del Pozo hace una emotiva glosa de su vida y obra. "Cazó, pescó, viajó, mandó, arrancó teléfonos, folló con calcetines, hizo queimadas, fundó partidos, paradores y murió". ¿A que se han emocionado?

El País nos cuenta que tiene en su poder "las actas secretas del último consejo de política fiscal y financiera". Pues vaya coñazo, dirán, ¿y eso para qué sirve? Pues porque revelan "el drama que sufren" las autonomías del PP, que "pidieron auxilio al Tesoro para evitar la bancarrota". Menos mal que allí esta Elena Salgado que dijo no, no y no. Sobre el encuentro Rajoy-Sarkozy, cuenta El País que parecía una peli de policía malo y policía bueno. "Rajoy era el suave y amable con la prensa y Sarkozy el duro" y hasta "rudo y agresivo" porque tenía un cabreo descomunal con las agencias de calificación que acaban de bajar la nota a Francia y le fastidaba que le preguntaran por ello.

ABC se vuelca con Fraga. "Al final, el respeto y el afecto de todos los demócratas se ha impuesto a las críticas –a veces feroces- que tuvo que soportar. Por ello su muerte ha causado una profunda conmoción". A Martín Ferrand no le gustó nada el artículo que le dedicó Rajoy, "frío y carente de emoción", algo raro en Rajoy, siempre tan emotivo el hombre. "Hay en el artículo de Rajoy algo de lo que Fraga quiso eliminar de los periódicos, la circular". Pues hijo, si no le caía bien, no le caía bien. Pero quien lo está pasando realmente mal es Hermann Tertsch. Resulta que cuando se enteró el domingo de que Fraga había muerto se le ocurrió poner una tierna despedida en Twitter. Para qué queremos más. "Minutos después me caía la del pulpo. Unos exigían que alguien me diera de inmediato una paliza. Otros lamentaban que no me enterraran junto a Don Manuel. Otros se consolaban anunciando que pronto le seguiría". Qué disgusto. Halla Hermann consuelo en La Razón. "No faltaron las reacciones resentidas de una extrema izquierda que pretende dar lecciones de memoria histórica con el manual del perfecto estalinista".

A La Gaceta, nada sospechosa de ser estalinista, se le han hinchado las narices con tanta alabanza. Fraga fue "honrado, iracundo, trabajador, docto, excesivo, dictador, ingenuo, atropellado, sincero, intervencionista, rudo, lúdico, aperturista y, si se le terciaba, cachondón", dice Carlos Dávila. "Sus amigos le querían mucho. A los demás nos ha costado mucho quererle y más que eso, soportarlo", dice clarito, clarito. A Genoveva le sobran las pamplinas con el finado. "Fraga ha sido simplemente nefasto. Que se escandalicen las plañideras y los gaiteros (...) Lo perdió todo. Decía de Franco que debió haberse marchado antes. Lo de la viga y la paja, que hasta que se fue él, el PP no pudo ganar". Hala, toma.

Pero es Público quién ha sabido interpretar el verdadero significado de la muerte de Fraga. "Uno de esos quiebros macabros del destino ha hecho coincidir dos acontecimientos singulares: el entierro de Manuel Fraga y el primero de los tres juicios contra Garzón". Anda, como la conjunción planetaria de Pajín. Pues no habíamos caído, es verdad qué coincidencia tan extraña, tan esotérica. Uy, que a mi me asustan mucho estas cosas.

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